Martes 20 DE Noviembre DE 2018
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Dilma Rousseff pierde la presidencia

Luego de la destitución de la mandataria, el conservador Michel Temer asumió la Jefatura de estado.

Fecha de publicación: 01-09-16
Dilma Rousseff habla desde el Palacio de la Alvorada, luego de conocer el resultado de la votación. Por: DPA/AFP/AP
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El Senado de Brasil puso fin ayer de forma definitiva a la presidencia de Dilma Rousseff. La Cámara votó con una clara mayoría de más de dos tercios por la destitución de la mandataria, suspendida del cargo desde mayo por cometer presuntos delitos fiscales, y acabó con más de 13 años de gobierno del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).

Al final, 61 senadores votaron contra Rousseff. Solo 20 legisladores, la mayoría de ellos del PT, rechazaron el controvertido impeachment iniciado hace casi nueve meses, en medio de la grave crisis económica brasileña. El vicepresidente de Rousseff, el conservador Michel Temer, asumió oficialmente la jefatura de Estado, que ya ejercía desde el 12 de mayo, hasta las elecciones previstas para finales de 2018.

La política de 68 años no fue por otro lado inhabilitada para ejercer cargos públicos durante los próximos ocho años, como pretendían parte de sus adversarios. La moción para inhabilitarla, presentada por separado, consiguió una mayoría de votos (42 frente a 36, con tres abstenciones), pero no llegó a la mayoría necesaria de dos tercios.

La defensa de Rousseff había pedido antes del comienzo de sesión final separar ambas votaciones, para evitar que el voto a favor del impeachment inhabilitara automáticamente a la mandataria.

La Presidenta fue destituida por cuestionadas acusaciones de que su Gobierno cometió irregularidades al emplear trucos contables para esconder el verdadero déficit fiscal. Las maniobras por las que se la destituyó ya habían sido empleadas por otros gobiernos en Brasil. Rousseff no está hasta ahora acusada por corrupción.

“Hoy es el día en que 61 hombres, muchos de ellos corruptos y con cargos en contra, echaron a la basura los votos de 54 millones de brasileños”, tuiteó Rousseff tras enterarse de la decisión.La Presidenta fue reelegida en 2014 con más de 54 millones de sufragios.

En un país sacudido por la corrupción y donde ambas cámaras cuentan con un alto índice de legisladores enfrentando acusaciones, la medida fue vista por algunos sectores como una decisión que podría influir en futuras condenas.

El juicio político contra Rousseff empezó en diciembre de 2015, cuando la Cámara de Diputados aceptó a trámite las denuncias contra Rousseff, el segundo jefe de Estado brasileño en ser destituido tras Fernando Collor de Mello en 1992.

Asume Temer

Horas después de la votación, el conservador Michel Temer asumió ayer formalmente la presidencia de Brasil.

Temer, antiguo vicepresidente de Rousseff, tomó posesión del cargo durante una ceremonia en el Congreso Nacional, unas tres horas después de que la ahora ex Presidenta perdiera el proceso de destitución.

Temer, del centroderechista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), gobernará hasta diciembre de 2018, cuando expiraba originalmente el mandato de Rousseff.

El nuevo presidente de Brasil inició su primer viaje oficial al extranjero, a la cumbre del G20 en China, apenas horas después de la controvertida destitución de su predecesora.

El nuevo mandatario Michel Temer se presentó al Congreso Nacional para ser juramentado y asumir la Presidencia de Brasil.

El nuevo mandatario Michel Temer se presentó al Congreso Nacional para ser juramentado y asumir la Presidencia de Brasil.

Esta historia no acaba así

Luego de ser destituida, Dilma Rousseff se pronunció en el Palacio de la Alvorada.

“Acaban de tumbar a la primera mujer presidenta de Brasil sin que haya cualquier justificación constitucional para el impeachment”, lanzó en el discurso después del voto que acabó su mandato.

“El Senado Federal tomó una decisión que entró para la historia de las grandes injusticias. Los senadores que votaron por el proceso de destitución escogieron rasgar la Constitución Federal, decidieron por la interrupción del mandato de una presidenta que no cometió crimen de responsabilidad, condenaron a una inocente y consumaron un golpe parlamentario”, añadió.

“Escuchen bien: ellos piensan que nos vencieron, pero están engañados. Sé que todos vamos a luchar. Habrá contra ellos la más firme, incansable y enérgica oposición que un gobierno golpista pueda tener”, advirtió.

“Esta historia no acaba así. Estoy segura que la interrupción de este proceso por el Golpe de Estado no es definitiva. Nosotros volveremos, volveremos para continuar nuestra jornada rumbo a un Brasil en que el pueblo es soberano”, prometió.

Protestas

Decenas de simpatizantes de Rousseff se enfrentaron violentamente con la Policía en la metrópoli financiera de São Paulo. Los manifestantes rompieron cristales y armaron barricadas en la Avenida Paulista, una de las principales arterias de la ciudad, según mostraron imágenes de la televisión. También en Río de Janeiro hubo protestas.

Batalla perdida

A Dilma Rousseff siempre le gustó definir su biografía en términos de lucha. Desde sus días como joven militante clandestina de izquierda, la recién destituida Presidenta de Brasil acostumbra ver las etapas de su vida como batallas, ya sea contra la dictadura o la enfermedad o, como en el último caso, frente a lo que consideraba una injusticia.

Para Rousseff, así como para muchos de sus aliados, la caída en desgracia de la primera mujer en la Presidencia del quinto país más grande del mundo estuvo en parte también ligada a los prejuicios de una sociedad aún conservadora y machista. Dilma Rousseff, nacida el 14 de diciembre de 1947 en Belo Horizonte como hija de un inmigrante búlgaro y una maestra, asumió la Presidencia el 1 de enero de 2011 como la “elegida” de Lula, el político que llevó a Brasil a primera línea del escenario mundial. La exministra de Minas y Energía y jefa de Gabinete de Lula heredó un país en ebullición, convertido en la séptima economía del mundo y potencia emergente tras sacar a unos 40 millones de personas de la pobreza.

La crisis, el visible desgaste del modelo económico y los escándalos de corrupción, sobre todo en torno Petrobras, hundieron, sin embargo, pronto las perspectivas del gigante sudamericano y a la vez su presidencia.

Seguidores de la presidenta destituida se enfrentaron a la Policía en la avenida Paulista, en São Paulo.

Seguidores de la presidenta destituida se enfrentaron a la Policía en la avenida Paulista, en São Paulo.

Rechazo y aceptación

La destitución de Dilma Rousseff en Brasil generó distintas reacciones internacionales.

Venezuela “ha decidido retirar definitivamente a su embajador” en Brasil, Alberto Castellar, “y congelar las relaciones políticas y diplomáticas con el gobierno surgido de este golpe parlamentario”, anunció la cancillería venezolana en un comunicado.

Ecuador retiró a su encargado de negocios, Santiago Javier Chávez Pareja, que hasta ahora era su máximo representante diplomático en Brasilia.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, llamó a consultas a su embajador en Brasil, luego de condenar “el golpe parlamentario” contra Rousseff.

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), formada por Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, condenó el “Golpe de Estado parlamentario” en Brasil, que demuestra “que las fuerzas regresivas del hemisferio siguen trabajando con el objetivo de desestabilizar y provocar golpes de Estado en contra de los gobiernos progresistas de la región”.

El Gobierno argentino destacó que “respeta” la decisión y “reafirma su voluntad de continuar por el camino de una real y efectiva integración en el marco del absoluto respeto por los derechos humanos, las instituciones democráticas y el derecho internacional”.

El presidente que nadie pidió: Michel Temer

Ayer, Michel Temer fue investido séptimo presidente de la democracia brasileña. A sus 75 años, es reservado y ceremonioso. Ha llamado poco la atención del público en los 26 años que lleva en política. Ni los últimos nueve, como líder del PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño); ni tampoco los últimos seis, como vicepresidente de Dilma Rousseff, su rival ideológica y aliada política por conveniencia. Pero hace un año la Presidenta empezó a tambalearse en el poder y él empezó a pronunciarse. En agosto de 2015 comentó a unos periodistas que Brasil necesitaba a alguien “capaz de unirnos a todos”.

En septiembre dejó caer ante empresarios que sería difícil que Rousseff llegara al final de su mandato. En diciembre, cuando la rueda del impeachment empezó a rodar, él sencillamente se hizo a un lado y esperó a ser encumbrado por eliminación. El 12 de mayo se convirtió en el tercer Vicepresidente en asumir el poder en la democracia brasileña. Él no ideó el impeachment, pero lo representa. Es el blanco de la ira de los sectores de la población que se sienten estafados por él.

Sus detractores aseguran que su gobierno acarreará una avalancha de recortes en salud, educación y derechos laborales. Pero él ha prometido que mantendrá los programas sociales emblemáticos de los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff.

Economía en la mira

Desde que asumió la presidencia interina, Temer, un astuto negociador político en las sombras, armó un gobierno pensando que Dilma sería destituida.Su Gabinete no tiene mujeres y está conformado por hombres blancos y conservadores. Pero tiene el aval del mercado y del Congreso, que aprobó la revisión de la meta fiscal –(US$52.500 millones al cambio actual) en 2016– y está abierto a pasar el ajuste fiscal que fue rechazado cuando Rousseff lo presentó. El foco de su gobierno será la economía y Temer dijo que no le temblará el pulso para aprobar medidas impopulares, como nuevos impuestos. –AFP


“Golpista es usted, que no respeta la Constitución”.

Michel Temer, presidente de Brasil, al rechazar las acusaciones de Rousseff tras su destitución.

“Es otra expresión de la ofensiva del imperialismo y la oligarquía contra los gobiernos revolucionarios y progresistas de América Latina y el Caribe”.

Gobierno cubano.

“Es el segundo Golpe de Estado que afronto en la vida”.

Dilma Rousseff quien apuntó al inicio de la dictadura militar en Brasil en 1964 como el primer golpe que vivió siendo una “joven militante” de izquierda.

“En Brasil hubo un Golpe de Estado que fue decidido en otra parte. Estaba anunciado desde hace rato. Toda esa discusión del Senado fue una gigantesca pantomima para tapar el rabo y para embaucar a la opinión pública”.

José Mujica, expresidente de Uruguay.

“Confío en que, bajo el liderazgo del presidente Temer, Brasil y las Naciones Unidas continuarán su tradicional colaboración cercana”. 

Ban Ki-moon, secretario general de la ONU.

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