Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
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Con la destitución de Rousseff, el Senado de Brasil pone fin a la era del Partido de los Trabajadores

Es el segundo jefe de Estado en ser despedido en este país sudamericano, tras Fernando Collor de Mello en 1992.

 

Fecha de publicación: 31-08-16
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Isaac Risco / dpa

Brasilia – El Senado de Brasil puso fin hoy de forma definitiva a la presidencia de Dilma Rousseff al votar con una clara mayoría de más de dos tercios por la destitución de la mandataria, suspendida del cargo ya desde mayo por cometer presuntas irregularidades fiscales, y acabar con ello también con más de 13 años de Gobierno del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).

Al final, 61 senadores votaron contra Rousseff. Sólo 20 legisladores, la mayoría de ellos del PT, rechazaron el controvertido “impeachment” iniciado hace casi nueve meses, en medio de la grave crisis económica brasileña.

El vicepresidente de Rousseff, el conservador Michel Temer, asumió con el resultado de la votación oficialmente la jefatura de Estado, que ya ejercía desde el 12 de mayo, hasta las elecciones previstas para finales de 2018.

Ninguno de los senadores se abstuvo de votar en el juicio, que cerró un larga pugna política y legal marcada por disputas e intrigas personales durante meses. Los opositores de Rousseff consiguieron siete votos más de los que necesitaban para destituir a la presidenta.

El tramo final del proceso estuvo marcado desde el jueves pasado por un combativo discurso de Rousseff, en el que volvía a hablar el lunes ante el pleno de un “golpe de Estado” en su contra, así como por duras y emotivas intervenciones de sus partidarios y sus detractores en la Cámara.

Rousseff fue destituida por cuestionadas acusaciones de que su Gobierno cometió irregularidades al emplear trucos contables para esconder el verdadero déficit fiscal.

La Cámara Alta debía votar luego por separado sobre una moción para inhabilitar a la mandataria, de 68 años, para ejercer cargos públicos durante los próximos ocho años.

El juicio político contra Rousseff es polémico, ya que las llamadas “ruedas fiscales” por las que se la destituyó ya habían sido empleadas por otros Gobiernos en Brasil. La presidenta no está hasta ahora sindicada por corrupción.

Temer, “traidor” y “usurpador”

Rousseff acusa a la oposición de fraguar un “golpe parlamentario” para sacarla del poder y califica a Temer de “traidor” y “usurpador” después de que éste abandonara la coalición de Gobierno en marzo para apoyar el proceso de “impeachment”. Temer participó desde 2011 en la alianza gubernamental con su centroderechista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).

El sonado juicio político contra Rousseff empezó formalmente en diciembre de 2015, cuando la Cámara de Diputados aceptó a trámite las denuncias contra Rousseff, el segundo jefe de Estado brasileño en ser destituido tras Fernando Collor de Mello en 1992.

El proceso contra la líder de izquierdas está enmarcado en varios escándalos de corrupción que salpican prácticamente a toda la clase política del país.

La caída de Rousseff supone también la llegada al poder de un Gobierno conservador al mando de Temer, que reducirá previsiblemente los costosos programas sociales impulsados por el PT para intentar reactivar la maltrecha economía brasileña.

El político católico de 75 años es muy impopular en las calles. Temer, visto como un representante de las élites conservadores y del establishment político en Brasilia, tenía previsto hacer poco después de la destitución de Rousseff su primer viaje como nuevo presidente.

El mandatario, desconocido hasta poco en el escenario internacional, participará en la cumbre del G20 que se celebra en China estos 4 y 5 de septiembre, donde abogará por el programa económico liberal de su “Gobierno de salvación”.

Además de la crisis institucional, el quinto país más grande del mundo está sumido desde hace meses en una fuerte recesión. El Producto Interno Bruto (PIB) de la primera economía de la región se contraerá en un 3,3 por ciento este año, según las previsiones.

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