Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
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Gobierno colombiano y las FARC sellan histórico alto al fuego

Se prevé que a los 180 días después de la firma del acuerdo final de paz concluya el abandono de las armas por parte de la guerrilla.

Fecha de publicación: 24-06-16
Por: DPA/EL PAÍS/AFP
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El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y el jefe de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timoleón Jiménez o Timochenko, se dieron ayer un apretón de manos en La Habana, que selló el histórico acuerdo de cese al fuego bilateral y definitivo, un paso crucial hacia el fin del conflicto armado más antiguo de América.

“Hoy es un día histórico para nuestro país. Después de 50 años de enfrentamiento hemos puesto un punto final al conflicto armado con las FARC. Lograr este acuerdo nos llena de fe y esperanza”, afirmó Santos.

“Que este sea el último día de la guerra”, afirmó por su parte el jefe máximo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), alias Timochenko.

El guerrillero señaló que el acuerdo “no es una capitulación de la insurgencia, sino el producto de un diálogo serio por parte de dos fuerzas que se enfrentaron durante más de medio siglo, sin poder derrotarse ninguna a la otra”.

Ambos quisieron dar la imagen de una paz sin vencedores ni vencidos y coincidieron en que comenzaba una etapa nueva en la historia de Colombia, donde las diferencias políticas debían manejarse por los cauces democráticos de las instituciones públicas.

“Nos llegó la hora de vivir sin guerra, de vivir en un país con paz, de vivir en un país con esperanzas”, dijo Santos, quien recordó que los colombianos se acostumbraron durante décadas “al horror de la guerra”.

Colombianos celebran la firma del cese al fuego, frente a una pantalla gigante en Bogotá.

Colombianos celebran la firma del cese al fuego, frente a una pantalla gigante en Bogotá.

Más de cinco décadas de conflicto armado colombiano han dejado un saldo en el país de 220 mil muertos, entre cinco y seis millones de desplazados y alrededor de 50 mil desaparecidos.

El punto del alto al fuego y la dejación de las armas era uno de los más tensos en la agenda de las negociaciones que se desarrollan en La Habana desde finales de 2012. La guerrilla consideraba que entregar las armas al Ejército colombiano era una humillante rendición.

Finalmente, las FARC entregarán las armas a un equipo coordinado por miembros de las Naciones Unidas en tres etapas, y estas serán fundidas para la elaboración de unos monumentos nacionales en recuerdo del conflicto y por la paz.

Ambas partes se comprometieron a elaborar una hoja de ruta para que a los 180 días después de la firma del acuerdo final haya concluido el abandono de las armas por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

La verificación de la dejación de las armas será realizada por un grupo de trabajo compuesto por ambas partes y también por observadores de las Naciones Unidas, principalmente formados por países de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC).

El acuerdo marca la creación de 23 zonas territoriales temporales y transitorias, donde se concentrarán los guerrilleros desarmados y sin uniformes militares, para la fase de adaptación del alto al fuego y la preparación para el paso a la vida civil de los excombatientes.

El Gobierno de Santos se comprometió a garantizar la lucha contra bandas criminales que amenacen la consecución de la paz, y trabajar para “que nunca más se utilicen las armas en la política”.

Timochenko confirmó que la guerrilla hará política, “pero por medios legales y pacíficos y con las mismas garantías que tienen el resto de las fuerzas políticas”.

Un tema que quedó pendiente ayer fue anunciar la fecha para la firma del acuerdo final. Según varias fuentes de ambas partes, la firma final podría darse definitivamente en agosto, pese a que Santos confiaba en que fuera antes del 20 de julio. Lo que sí es seguro es que el acuerdo definitivo será en Colombia. “Los plazos son fatales”, aseguró –sin embargo– Humberto de la Calle, sabedor de la mala imagen que dieron tras el fiasco del 23 de marzo.

“El proceso de paz en Colombia no tiene vuelta atrás”, aseguró el presidente cubano, Raúl Castro, y señaló satisfecho que “la paz será la victoria de toda Colombia, pero también de toda nuestra América”.

En al acto de La Habana se encontraban el secretario de la ONU, Ban Ki–Moon y seis presidentes –el anfitrión, el cubano Raúl Castro; Michelle Bachelet (Chile) y Nicolás Maduro (Venezuela), países acompañantes del proceso, y Enrique Peña Nieto (México), Danilo Medina (República Dominicana) y Salvador Sánchez Cerén (El Salvador)–, además de los representantes de los gobiernos de Noruega y el enviado especial de Estados Unidos, Bernie Aronson.

Emociones encontradas

En el centro de Bogotá, frente a una pantalla gigante donde centenares de personas seguían el acto de La Habana, Camilo González, exfuncionario de gobierno, lloraba de emoción. “Ha sido un recorrido dramático… millones y millones de víctimas, de desplazados, de luchas, de sueños que han sido truncados, pero yo creo que hemos llegado al momento de la esperanza”, dijo a la AFP. “Estoy exultante, estoy muy, muy contento”, dijo el primer presidente de Colombia en buscar la paz con las FARC, Belisario Betancur (1982-1986), a BluRadio. –AFP

Diálogo Pendiente

El expresidente Álvaro Uribe, quien combatió duramente a las FARC durante su gobierno (2002-2010), cuestionó el acuerdo por considerar que deja impunes a responsables de delitos de lesa humanidad. “La palabra paz queda herida”, dijo.

La paz con las FARC no significará tampoco terminar el conflicto armado en Colombia, donde aún resta alcanzar un acuerdo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN, guevarista), segunda guerrilla activa, y terminar con las bandas criminales remanentes de grupos paramilitares desmovilizados hace una década.

Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), afirmó: “No podemos hablar de posconflicto hasta tanto no haya una solución a ese problema del conflicto con el ELN”. Gobierno y ELN anunciaron a fines de marzo la próxima instalación de una mesa de negociaciones paralela a la de las FARC, pero el inicio de los diálogos está demorado hasta tanto los rebeldes no se comprometan a abandonar el secuestro como arma de guerra, condición imprescindible impuesta por Santos. – AFP

De enemigos a artífices de la paz

Durante años fueron enemigos. Pero a partir de ayer el presidente Juan Manuel Santos y el jefe máximo de la guerrilla FARC, ‘Timochenko’, pasarán a la historia por su determinación para alcanzar la paz en Colombia.

Santos proviene de una destacada familia –su tío abuelo fue jefe de Estado y dueño del influyente diario El Tiempo–, es un liberal formado en la London School of Economics y ha ocupado varios cargos públicos en su carrera política.

Timochenko, de origen opuesto y nacido en plena zona cafetera de Colombia, es de cuna marxista, recibió cursos de medicina en la Unión Soviética y Cuba, sin graduarse, y protagonizó una carrera meteórica en las FARC, llegando a ser parte de su Secretariado –la cúpula rebelde de siete comandantes– con apenas 26 años.

Sin embargo, las metas de estos dos hombres convergen en una sola a principios de 2012, cuando después de asumir el mando de las FARC, ‘Timochenko’ le escribió una carta a Santos proponiéndole entablar “una hipotética mesa de conversaciones, de cara al país”, en un intento de retomar el último fracasado proceso de paz con el gobierno de Andrés Pastrana, entre 1999 y 2002.

Días después, el jefe máximo de las FARC se comprometió a cesar el secuestro de civiles con fines de extorsión económica, contemplando una de las más insistentes demandas del jefe de Estado. Santos reconoció entonces que la guerrilla había dado un paso hacia el establecimiento de un diálogo, aunque lo calificó de insuficiente. Los acercamientos, sin embargo, se intensificaron y confluyeron en la instalación de una mesa de diálogos en noviembre de 2012, en La Habana. –AFP

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