Martes 13 DE Noviembre DE 2018
Domingo

“Lula” da Silva desata pasiones y divide Brasil

La denuncia presentada contra el ex Presidente pone más presión sobre el gobierno de Rousseff.

Fecha de publicación: 13-03-16
El exmandatario saluda previo a reunirse con senadores y aliados, el pasado miércoles, en Brasilia. / AP
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Ana María Pomi / DPA — El pedido de prisión preventiva del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva consiguió poner de acuerdo a sus rivales y aliados, que rechazaron la medida solicitada por los fiscales. Pero también inflamó los ya caldeados ánimos de una sociedad dividida y a las puertas de manifestaciones antagónicas.

“Al requerir la prisión de Lula, los fiscales están banalizando un recurso judicial muy grave. (…) Se trata de un ex Presidente de la República. Nada impide que sea investigado. Pero Lula no tiene antecedentes, tiene residencia fija y no consta que esté planeando huir del país. ¿Para qué arrestarlo?”.

Aunque lo parezca, la declaración no proviene de un aliado sino de un oponente del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), fundado por Lula. Se trata del senador Cássio Cunha Lima, líder en la Cámara Alta del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), el mayor opositor del gobierno de Dilma Rousseff.

“Que Lula sea procesado, es correcto. Aguardar el juicio es correcto, pero no porque tengamos divergencias políticas voy a querer para él algo diferente de lo que quiero para cualquier ciudadano”, señaló por su parte el coordinador jurídico del PSDB, Carlos Sampaio.

La polémica solicitud de arresto de Lula fue presentada el jueves por los fiscales del Ministerio Público de São Paulo (fiscalía) Cassio Conserino, José Carlos Blat y Fernando Henrique Araújo.

El pedido incluye una denuncia por falsedad ideológica y lavado de dinero contra el máximo líder de la izquierda brasileña dada a conocer el miércoles, que se extiende a su esposa, Marisa Letícia, a uno de sus hijos, Fabio Luiz, y a otras personas.

Según los fiscales, si Lula permanece libre “usará toda su red violenta de apoyo para evitar que el proceso penal (…) no siga su curso natural”, y lo acusan de impulsar “maniobras violentas” junto con sus aliados.

Las alegaciones fueron rebatidas una a una, incluso por el columnista de la revista Veja Reinaldo Azevedo, enemigo declarado de Lula, Rousseff y el PT.

“Yo quiero al PT fuera del poder. (…) Creo tener sólidas evidencias de que tanto Lula como Rousseff cometieron delitos graves. Creo que tienen que ser procesados, condenados y presos”, aclara Azevedo en el arranque del texto.

No obstante, y aún admitiendo que quiere que Lula sea encarcelado, avisa: el pedido de los fiscales paulistas es “frágil a más no poder”. “Cualquier abogado intelectualmente honesto, poco importa la corriente a la que se adhiera o su ideología, sabe que este pedido es un despropósito”, finaliza.

Con enemigos así, no son necesarios amigos. Las esperadas críticas a la petición de los fiscales por parte del PT, del Instituto Lula y de legisladores oficialistas, aunque contundentes, quedaron opacadas ante los firmes cuestionamientos de los opositores.

La mesura adoptada el jueves por los adversarios políticos dista, y mucho, de los discursos inflamados que pedían el viernes 4 de marzo pasado la cabeza del máximo líder de la izquierda brasileña, después de que fuera llevado a interrogar por sospechas de que se benefició con los desvíos de fondos en Petrobras.

Pero la sorprendente mesura mostrada el jueves por los líderes de la oposición probablemente no se replique en los movimientos sociales y en las bases de grupos políticos contrarios y aliados del gobierno y de Lula.

Quienes piden la destitución de la Presidenta tenían agendada desde hace tiempo una movilización nacional para hoy domingo 13, cuando se cumple un año de las protestas que llevaron a más de un millón de personas a las calles para pedir la salida de la mandataria.

La convocatoria a las marchas “contra Lula, Rousseff y el PT” ganó fuerza el pasado viernes con la acción policial contra Lula, y seguramente serán atizadas aún más con el pedido de prisión del expresidente, al margen de cualquier consideración sobre sus fundamentos técnicos.

Por su parte, sindicatos y grupos de izquierda prometen dos actos masivos para el 18 y el 31 de marzo, en defensa de Lula y en contra de los “intentos golpistas”, como califican a las pretenciones de destituir a Rousseff.

En resumen, todo indica que el Brasil en recesión económica y divorciado de su Gobierno, al que apoya apenas el diez por ciento del electorado, emergerá más dividido aún del episodio que arroja otra sombra sobre la biografía del exsindicalista que se convirtió en el primer presidente obrero del país.

Delitos


> El Ministerio Público de São Paulo (fiscalía) pidió el jueves la prisión preventiva del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, denunciado a la justicia por los delitos de lavado de dinero y falsedad ideológica.

 

> La denuncia está vinculada a un lujoso apartamento de tres pisos localizado frente al mar en la ciudad de Guarujá, en São Paulo.
> Según apuntan los fiscales, se sospecha que el inmueble, así como una costosa reforma hecha “al gusto de la familia Lula da Silva”, fueron entregados al expresidente por la constructora OAS, implicada en el escándalo de corrupción en Petrobras. Sería una suerte de “pago de favores” al exmandatario, por presuntas ventajas obtenidas por la empresa en contratos con la petrolera estatal.
> La denuncia y el pedido de prisión presentados por los fiscales de São Paulo forman parte de un proceso distinto al de la operación Lava Jato, que investiga los fraudes cometidos en Petrobras y está a cargo del juez Sérgio Moro, de la justicia del estado de Paraná.–DPA

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