Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
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La clase media incipiente de Corea de Norte

Los placeres de la sociedad de consumo, ya no son exclusivos de las elites norcoreanas.

Fecha de publicación: 01-11-15
Una familia observa el espectáculo en el delfinario en Pyongyang. / Foto: AFP
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Giles HEWITTAFP –La multiplicación de los parques de atracciones, la proliferación de los teléfonos móviles y de los taxis en Pyongyang reflejan el tímido surgimiento de una clase media norcoreana que, según el régimen, está sedienta de diversión.

Los dirigentes norcoreanos siempre han presentado la capital como un escaparate de los supuestos logros del Estado.

Y visto desde el extranjero Pyongyang siempre ha sido un “pueblo de Potiomkin”, una ciudad exclusiva donde el 10 por ciento de la población norcoreana goza de una calidad de vida inimaginable para el 90 por ciento de habitantes del resto de este país, el más aislado del mundo.

Los placeres de la sociedad de consumo y del ocio no parecen ya solo reservados a una casta constituida por la elite de dirigentes del país.

Ha emergido una nueva clase empresarial al amparo de una mayor tolerancia con algunas iniciativas privadas. Una “liberalización” relativa, que tiene lugar tras las carencias catastróficas del régimen durante la hambruna de finales de los años 1990.

Esta clase media surgió bajo el mandato del exdirigente Kim Jong-Il y comenzó a prosperar con su hijo Kim Jong-Un, quien llegó al poder en 2011.

Es evidente que pocos tienen capacidad adquisitiva para comprarse un auto. Pero esta clase intermedia parece cada vez más importante en la capital, y quizá en otras ciudades.

Prioridades

Algunos expertos en Corea del Norte, como el profesor universitario Andrei Lankov, piensan que Kim Jong-Un intenta aplicar un “capitalismo autoritario”, con una dosis de iniciativa económica privada estrechamente controlada en el ámbito político.

Como recompensa, estos “nuevos empresarios” podrían cenar en uno de los nuevos restaurantes de Pyongyang o dar una vuelta en familia por el delfinario.

Y es que desde su llegada al poder Kim Jong-Il ha mostrado una inclinación por los proyectos en el sector del ocio, con una estación de esquí, parques temáticos o centros ecuestres a todo lujo.

Una elección polémica en un país donde un tercio de los niños menores de cinco años sufre, según la ONU, de raquitismo y donde millones de personas viven amenazadas por inundaciones o sequías por falta de inversiones en infraestructuras.

Para los dirigentes norcoreanos estos proyectos tiene dos objetivos: dar una imagen de prosperidad y mimar a la elite dirigente, y a una clase media que quiere poder gastarse el dinero.

Además las instalaciones lujosas como la estación de esquí de Masik Pass permitirán al régimen hacerse con divisas extranjeras.

Un ejemplo más modesto es el parque folclórico abierto hace tres años cerca de Pyongyang, con su réplica de una pagoda del siglo V y sus reproducciones en miniatura de los monumentos de la capital.

La entrada es barata y afirma contar con 5 mil visitantes diarios. Una media inapreciable el domingo pasado durante una visita organizada. Aun así, muchas familias y matrimonios paseaban por él tomando fotografías con sus teléfonos móviles de última generación, como en cualquier parque del mundo.

70 kilÓmetros para los delfines

Más de dos millones de norcoreanos tienen un abono al servicio 3G suministrado por el egipcio Orascom en asociación con el norcoreano Koryolink.

“Nuestro mariscal venerado Kim Jong-Un dijo que debíamos convertir este parque en un lugar educativo para la nación, para galvanizar a la población”, comenta el guía oficial.

El delfinario construido en Pyongyang en 2012 es más selecto. No persigue fines educativos, sino de recreo. En comparación con otros lugares públicos está exento de referencias constantes a la gloria de los dirigentes norcoreanos.

Pero no por ello deja de ser un proyecto completamente político, imaginado por Kim Jong-Il y realizado por su hijo, con adiestradores seleccionados en las universidades chinas para animar los espectáculos.

El imponente edificio y el costo de funcionamiento plantean la eterna pregunta de las prioridades del régimen. El responsable de las relaciones con los clientes del delfinario, Jon Suk-Yong, no ha querido revelar el presupuesto: “El agua marina llega por un acueducto de 70 kilómetros de largo –explicó– y tenemos diez delfines que comen diez kilos de pescado por día, así que imagíneselo”.

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