Lunes 24 DE Junio DE 2019
Mundo

El esplendor del “Titanic” atraca en Madrid

El historiador sueco Claes-Göran Wetterholm afirmó que mientras el hombre siga navegando, se seguirá hablando del “Titanic”.

Fecha de publicación: 03-10-15
Antes de viajar a España, la exposición estuvo varios meses en México.
Por: María Luz Climent / DPA

Viajar en el tiempo es lo que propone “Titanic – The Exhibition”, la muestra con más de 200 objetos del famoso trasatlántico de trágico destino que ayer abrió sus puertas en el centro de Madrid.

Más que una visita, la exposición que ha recorrido varios países y permanece en la capital española hasta el 6 de octubre, ofrece la experiencia de trasladar al visitante hasta 1912, cuando los viajes para cruzar el Atlántico se hacían por mar y duraban varios días, cuando la palabra América era sinónimo de un mundo lejano y tierra de oportunidades y cuando las diferencias sociales se remarcaban en un buque con la división en clases de los camarotes.

En aquella época fue todo un acontecimiento la construcción del “Titanic”, que nacía como el crucero más imponente y rápido de la historia con capacidad para más de 2 mil pasajeros y 800 tripulantes. Todo un hito con el que acabó en su primer viaje un iceberg a la deriva, en una fría noche de abril.

El “Titanic”, el barco más famoso de la historia, sigue fascinando porque abarca los aspectos de toda la vida, nos identificamos con la historia de las personas que viajaron en él, explica el historiador sueco y comisario de la exposición Claes-Göran Wetterholm, que desde 1960 está dedicado en la historia del trasatlántico.

Para hacer más vívida la experiencia, de cada objeto expuesto se narra –a través de una audioguía– la historia que lo ha llevado hasta la muestra. Así, se puede encontrar el collar de Kate Phillips, en cuya historia de amor se basó James Cameron para rodar “Titanic”, una de las películas más taquilleras de la historia y que según Wetterholm “es la mejor película sobre lo que no ocurrió” en el buque. Estos objetos se pueden ver en la muestra junto con una foto de Phillips y su hija, que nació nueve meses después de la travesía.

La muestra reproduce a lo largo de 1,500 metros cuadrados camarotes de primera clase, así como de tercera clase. Wetterholm recuerda que es un error creer que esta última clase viajase gente pobre, pues las ocho libras esterlinas que costaba el pasaje suponía el alquiler de una vivienda durante todo un año. Muchos de los pasajeros en estas habitaciones más modestas eran profesionales que ahorraron durante años para iniciar una nueva vida en el continente americano.

Con estos objetos ligados a sus historias personales se ha buscado además discernir entre la historia real y la leyenda.