Jueves 21 DE Marzo DE 2019
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La iglesia cubana que encarna la prédica del papa

Son pocas las parroquias cubanas que pueden desarrollar una obra de caridad.

Fecha de publicación: 18-09-15
En Cuba solamente el diez por ciento de la población se declara católica. Por: Rigoberto DIAZ  / afp
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En dos décadas, un cura vasco ha convertido una parroquia de La Habana en un templo de la caridad que ayuda a los pobres, en sintonía con la prédica social del papa Francisco, quien llegará mañana a Cuba.

“A mí el papa me encanta, precisamente porque ha hablado muy claramente, muy sencillamente (…), y a mí esta es la Iglesia que me gusta”, dice el padre Jesús María Lusarreta, de 78 años, párroco de la parroquia La Milagrosa.

Fiel a “la Iglesia pobre y para los pobres” que reclama el papa argentino, esta parroquia del populoso municipio 10 de Octubre alimenta y educa a numerosas familias, coronando los esfuerzos de este sacerdote vasco llegado a la Isla en 1993.

En ese tiempo Cuba estaba sumida en el “periodo especial”, una aguda crisis económica devenida tras la desaparición de la Unión Soviética, que había sido su principal aliado y benefactor durante tres décadas.

En esa época también hubo una distensión entre la Iglesia y el Estado, que pasó a ser laico en 1992 después de tres décadas de ateísmo establecido en la Constitución.

Con el consentimiento de las autoridades, la Iglesia católica ha ido ganando terreno e influencia en el campo social, que una vez fue feudo del Estado y el Partido Comunista de Cuba (único).

En su parroquia, el padre Lusarreta tuvo originalmente la idea de ayudar a los ancianos solos, dándoles alimentos. “Empezamos con 12 (ancianos), al año eran 60, pero no teníamos alimentos (…). Y entonces en el 97 se me ocurrió escribirle una carta a Fidel Castro (…) y ciertamente pues contestó aprobando la obra”, cuenta el sacerdote.

El entonces presidente cubano les dio su apoyo proporcionándoles una subvención regular del Estado, explica el párroco. El comedor de La Milagrosa da diariamente desayuno, almuerzo y cena a más de 200 ancianos carentes de apoyo familiar y de jubilaciones suficientes.

En un inmueble de dos pisos contiguo a este templo de estilo romano construido en 1947, el padre abrió una “casa de abuelos”, donde los ancianos pasan ocho horas cada día charlando, leyendo, viendo televisión o jugando dominó, después de asistir a misa.

La casa les proporciona ropa y calzado, les brinda servicios de enfermería, odontología, biblioteca, lavandería y peluquería. Se trata de una atención “integral”, dice el sacerdote quien organiza dos paseos al mes al campo o museos.

Con la ayuda del Estado y sobre todo de grupos religiosos españoles, la parroquia distribuye además alimentos y vestuario a 80 mujeres jefes de familia. El padre Lusarreta también instaló en 1997, en un local situado frente a la parroquia, un taller para jóvenes con síndrome de Down donde desarrollan habilidades y adquieren nociones de cocina, peluquería, lavandería y carpintería.

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