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Sucesos

¡Gracias Benedicto XVI!


En una época en la que se ha despreciado a la fe como acceso al conocimiento de la verdad… en él tuvimos al teólogo contemporáneo más importante.

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Hoy termina una etapa feliz en la iglesia que inició hace diecisiete años -el 19 de abril de 2005 – cuando se escuchó desde el balcón de la Basílica de San Pedro: “Después del gran papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones”. Un aplauso recorrió la plaza de San Pedro y su eco llegó hasta el último confín del mundo. La Iglesia Católica iniciaba un nuevo pontificado que se caracterizó por la abundancia de luz, claridad doctrinal y prestigio intelectual. Cuanto tenemos que aprender de este gigante de la historia que hoy ha dado un paso aparte para quedarse en la eternidad.

Ahora que se premia la superficialidad, la velocidad, lo trivial… en él tuvimos a un hombre profundo, sereno y equilibrado. Como botón de muestra, escribió más de seiscientos libros y no tuvo reparo en pedir perdón por no revisar las redes sociales. (El caso del lefrebvriano británico Richard Williamson, 2009).

En una época en la que se ha despreciado a la fe como acceso al conocimiento de la verdad… en él tuvimos al teólogo contemporáneo más importante al que Habermas (n. 1929) llamó el «amigo de la razón». Francisco Umbral (n.1932), al final de un artículo ligeramente elogioso, afirmaba: «El pensamiento religioso ha sido acorralado, durante el siglo XX, por el pensamiento laico o ateo. Ratzinger puede debatir cara a cara con los iconos del ateísmo sin apearse de sus zapatos rojos» (2005).

Se le llamó «el Mozart de la teología», «un Tomás de Aquino de nuestros días» o, como su maestro Agustín, «un poeta, un pastor y un pensador». Un catedrático alemán, un Herr Professor convertido en cabeza de la Iglesia. No tuvo recelo de citar a filósofos, sabios y poetas como Nietzsche, Gassendi, Descartes, Virgilio o Platón en su primera encíclica.

Un hombre valiente que asumió los distintos retos que Dios le fue pidiendo: seminarista durante la segunda guerra mundial, catedrático universitario, arzobispo de Múnich y Frisinga, pronto Cardenal, desde 1981 prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y con casi ochenta años Romano Pontífice. En el 2013, cuando no se sintió con fuerza física, no tuvo miedo de dar un paso al costado y dejar el camino expedito para su sucesor.

En Benedicto XVI hemos tenido el ejemplo de un hombre que buscó la verdad allí donde pudiera estar: en el estudio concienzudo, en el diálogo sin prejuicios, en la contemplación del hombre que se hizo Verdad. Fue un conservador profundamente moderno y un contemporáneo continuador de una larga tradición dentro y fuera de la Iglesia.

Hoy el mundo está de luto y los hijos de este gran Papa gozamos de un intercesor en el cielo y de un ejemplo en la tierra. Gracias Santo Padre.

Este texto ha sido escrito para elPeriódico por el presbítero Fernando Armas Faris, doctor en filosofía y autor del libro “Leo por sobrevivir”.

Redacción El Periódico
El equipo de redactores y editores de elPeriódico.

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