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Literatura

La novela de Neil Gaiman


Viaje al centro de los libros.

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En su Metafísica, Aristóteles dice que la Filosofía se inicia con el “asombro”, afirmación que aplica de manera idéntica a la Literatura, porque sin tal efecto no se sostiene. Los seres humanos vivimos encantados en la infancia porque todo nos asombra, la luna inmensa una noche que pareciera que se aproxima o va a caer sobre la tierra, un pájaro que pasa de rama en rama saltando y vuela, el miedo a la oscuridad por instinto, una luminaria artificial en el firmamento, una estrella fugaz… A medida que nos convertimos en adultos corremos el riesgo de perder esa cualidad natural, de volvernos cuadrados, de confiar en la rutina, de creer que todo se mantiene en su lugar y que no hay magia, pero la Literatura mantiene fresco y estimulado nuestro potencial, y en ello radica su relevancia. Los libros provocan grandes sensaciones, unas más que otras, de manera diferente, y a cada vuelta del tiempo uno cree haber leído el mejor libro de todos, pero luego aparece otro que asombra poderosamente y entendemos que las posibilidades son infinitas, y finita nuestra capacidad para experimentar el entendimiento. Una obra generosa en asombro e incomparable es la novela capital de Neil Gaiman, el escritor inglés, dibujante, guionista de películas, que a principios del milenio sorprendió con una novela extraordinaria, American Gods. En dos décadas, su novela no deja de reimprimirse, pasó a la aplicación en televisión y se está dispersando por todos los confines, porque asombra página a página, y que como toda gran novela plantea un gran viaje, en su caso alrededor de los Estados Unidos, por aire y tierra, contando una serie de sucesos extraordinarios que capta la supuesta esencia del mundo americano, visto con la distancia del extraño, y amarra en el tiempo con las grandes obras de la literatura de siempre decantando a los “dioses” del mundo moderno.

El protagonista se llama Shadow, traducido como Sombra, que inicia viviendo sus últimos días en la cárcel, preparándose para volver a casa con su esposa, Laura, el motivo de una pelea que lo puso entre rejas, y a su empleo, donde el amigo le prometió recibirlo de vuelta en su taller, pero de repente se entera de que su pareja acaba de morir en un accidente automovilístico y sale antes de su condena para poder asistir al funeral. Las escenas en la prisión son fascinantes, y su salida y encuentro con Miércoles, ese personaje a lo Mefistófeles que se le aparece, que lo contrata de chofer y lo domina, y será quien le revele la realidad de su situación, porque Laura murió junto a su amigo patrón cuando viajaban en una despedida amorosa ante el aviso de su retorno prematuro. Llega al pueblo y allí vive una serie de situaciones ingeniosas e inesperadas en el funeral, con la familia, y luego continúa el viaje sin destino, viviendo estancias fascinantes como en el hotel de los rusos, el carrusel psicodélico, la aparición de monstruos mitológicos, la reunión con los raros, la captura por la policía, las apariciones de la esposa difunta, el viaje a un poblado llamado Cairo y su ingreso a trabajar en una funeraria, y más y más… porque no se detiene, y va cruzando con narraciones alternas independientes en los distintos capítulos con historias que ayudan a enriquecer con desvíos la magia del relato. La mejor de todas, siento, es la del vendedor de baratijas llegado del otro lado del mundo por un par de semanas a cerrar negocios, perdido en la gran ciudad, que confiesa su impotencia con el chofer de taxi, y luego de una noche en un hotel descubre que el extraño le ha robado su identidad y los pasajes aéreos de vuelta a su país, y dejado la identidad de taxista, para que ocupe su lugar en la ciudad de los rascacielos, lo que asume con resignación. 

La novela es sencilla, no pone dificultades técnicas al lector, sino va conduciendo con un lenguaje claro pero lleno de imágenes poderosas, con sorpresa tras sorpresa, en acción permanente, sin permitir que el lector se pase de listo y pueda adivinar lo que viene en la siguiente página, en un viaje alucinante por un territorio inmenso, en su tiempo, donde todo lo que sucede es asombroso. El libro contagia y deslumbra.

Se consigue en Guatemala con un poco de suerte, o se puede comprar digital para los impacientes que no aguardan envíos en papel, con toda la lógica del mundo, porque la obra existe desde hace 20 años y es imperdible.

Evelin Vásquez
Reportera de Sociedad. Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos. Creo que el periodismo es una herramienta para promover el pensamiento crítico e informar sobre más realidades

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