Sábado 15 DE Agosto DE 2020
La Columna

La vida frente a la pantalla

Lado B

Fecha de publicación: 28-07-20
Por: Luis Aceituno

Durante cuatro meses de encierro, mientras afuera se propagaba la gripe, buscamos comprender lo que sucedía en libros, películas, discos, conferencias, talleres…Se puede decir que luego de una sobredosis de interpretaciones sociológicas, filosóficas, artísticas, científicas, literarias, estamos tan perplejos como al principio, solo que más amargados, más aturdidos por la cantidad de información que nos llega de todas partes, hasta de las pláticas con el tendero. Ni Camus ni Boccaccio nos enseñaron cómo sobrevivir a la peste, así que preferimos el dudoso consuelo de las series televisivas. Hay que reconocerles a estas últimas que, con un solo clic, tienen la capacidad de engancharnos a un mundo paralelo, mientras engullimos un plato de espaguetis recalentados. Además las hay para todos los gustos y todos los estados de ánimo, desde ñoñas historias de amor hasta crónicas del apocalipsis que nos dan la impresión de que todo se trata de un jueguito electrónico. Si pudiéramos neutralizar virus con pistolitas láser todo estaría mejor, pero hay algo que nunca funciona en la realidad real, esa que nos condena al aburrimiento, la incertidumbre, la angustia, el miedo; esa que nos mantiene desplomados en un sillón viendo viejos capítulos del ‘Chavo del 8’.

Si algo hemos aprendido es que el fin del mundo, al menos de ese que conocíamos como tal, no tiene nada de espectacular. Parece más bien una sucesión de días iguales, con sus rituales y sus rutinas, con sus pantallas desde donde vemos cómo se pasa la vida. Lo de las pantallas no es nada nuevo, mucho antes de que la televisión fuera una realidad para todos, ya George Orwell imaginaba en ‘1984’ un mundo en donde éramos controlados por medio de ellas. De ahí surge el mito del Gran Hermano, esa presencia monstruosa que nos vigila a donde quiera que vayamos. El futuro tal como lo vislumbraba el escritor en 1947, ocurrió también hace algunos años, quizás un poquito antes o poquito después de la fecha fatal que le daba título a la novela. Lo cierto es que hoy por hoy nos encontramos recibiendo órdenes, indicaciones, mensajes, tratamientos, entretenimiento, chismes y lo demás por medio de pantallas gigantes o diminutas, que además nosotros mismos compramos a precios exuberantes.

En ‘Sexo, mentiras y videos’ (1989), Steven Soderbergh nos mostraba, entre otras muchas cosas, que un hombre es capaz de sobrevivir solo con la compañía de un televisor. Es un tipo que se desplaza por medio Estados Unidos con una cámara de videotapes, una videocasetera y un viejo monitor. No tiene familia ni mujer ni hijos, no quiere contacto humano. Graba confesiones íntimas de mujeres a las que no toca y más tarde las ve y escucha en la soledad de cuartos de hoteles. Son imágenes que lo remiten a lo que puede ser la vida. Hay mucho de eso en lo que se nos avecina y apenas vislumbramos, seres cada vez más solitarios y desconectados, encerrados en habitaciones, observando a través de la pantalla del celular cómo viven los otros, cómo se las arreglan para permanecer en el mundo.