Sábado 15 DE Agosto DE 2020
La Columna

Notitas varias

SOBREMESA

Fecha de publicación: 27-07-20
Por: María Elena Schlesinger

-La expresión “se  petateó” que significa en buen chapín, “se murió”  proviene de una antigua costumbre mortuoria en la cual se utilizaban los petates como mortajas. Cuando los familiares no contaban con suficientes recursos económicos para comprar la caja de enterramiento, la gente se conformaba en seguir una antiquísima costumbre prehispánica de amortajar  a su difunto, enrollándolo dentro de un petate tal cual si se tratase de un taco de carne. El dicho “ni petate donde caerse muerto”, se utiliza para describir la pobreza extrema de una persona.

-El 26 de mayo de 1953, el director de Caminos, Constantino Bernasconi anunció en Guatemala que dinamitaría el Templo de Minerva construido en tiempos del presidente Manuel Estrada Cabrera al final de la avenida Simeón Cañas. Este templo y los muchos construidos en pequeña escala en ciudades y pueblos de la República fueron el símbolo del Gobierno de Cabrera, mandatario que se ufanaba de educar a las juventudes guatemaltecas con los valores y principios clásicos de la cultura griega. La razón que dio Bernasconi fue que el edificio era peligroso y que podía derrumbarse. El motivo verdadero fue que las nuevas generaciones revolucionarias querían borrar de un plumazo (en este caso, de un bombazo) los vestigios de un pasado que les parecía retrógrado y atrasado. El alcalde de entonces, Juan L. Lizarralde, dijo que no se oponía a  tal acción por lo cual,  el 29 de mayo al mediodía,  se oyó en buena parte de la ciudad capital, la descarga fulminante de dinamita.  Realmente no había justificación para destruir el bello templete de mármol con frisos decorados con pinturas que  servía de singular remate a la calzada, pues según los expertos, aquella edificación propia del tiempo cabrerista, era totalmente reparable. 

Todo apunta a que en Guatemala se ha convertido en norma, borrar  los vestigios históricos de otras épocas, ya que de igual forma fue destruido el Teatro Colón, después del derrocamiento de Estrada Cabrera, cuando el edificio estaba prácticamente reconstruido de los embates sufridos por los sismos del 17-18,  y así como el convento colonial franciscano sobre la 7ª avenida entre 13 y 14 calles de la zona 1, demolido sin misericordia durante el periodo del presidente Romeo Lucas García para ampliar el Primer Cuerpo de la Policía Nacional, lugar en donde se realizaban torturas.   

– Durante la época republicana el gobierno implementó  los  denominados bandos militares para dar a conocer a la población a voz en cuello las noticias y disposiciones  gubernamentales y militares.

Un oficial, un corneta  y diez soldados recorrían las calles principales de  ciudades y  pueblos leyendo a viva voz los edictos y mensajes importantes enviados por los gobernantes a la ciudadanía, en tiempos en que las comunicaciones eran pésimas, no existían los radios para transmitir las noticias y la mayor parte de la población era analfabeta.

Los bandos recorrían las calles marchando a ritmo de redoblante para llamar la atención de la gente. Ya en alguna esquina importante, el corneta daba un toque para reunir a  los parroquianos, quienes escuchaban atentos mientra un empleado municipal leía a voz en cuello “el bando”. En La Antigua existieron los bandos hasta entrados los años setenta y muchos antigüeños aún recuerdan aún cuando el grupo de soldados vestidos de caqui informaban “que se les recuerda a todos que, queda terminantemente prohibido el uso de pistolitas de agua en el parque el día del Corpus y menos molestar a las señoritas disparándoles en las canillas agua sucia de la pila”.