Sábado 15 DE Agosto DE 2020
La Columna

Asco, rabia e impotencia

Follarismos.

Fecha de publicación: 18-07-20
Por: Raúl de la Horra

Intento no escribir sobre la pandemia porque no le hace bien a mi mente ni a mi corazón. Entiendo que es necesario estar al corriente de lo que pasa y de las medidas que hay que tomar o evitar para no contagiarse, sé que es preocupante la situación no solo nacional sino mundial, pero evito pensar demasiado, porque si pienso, me emputo. Todo lo que escucho, sobre todo vinculado a las demostraciones aberrantes del estado de imbecilidad más grotesco y sofisticado que el capitalismo ha creado bajo el modelo imperialista actual, dirigido por un individuo narcisista, racista y psicópata que trata con mano férrea a sus colonias administradas por políticos a su servicio dispuestos a ponerse en cuatro patas para lamer la bandera norteamericana a cambio de unas cuantas migajas personales, algunos favores y unos cuantos jugosos negocios, me produce asco, rabia e impotencia.

He decidido no ver más los noticieros de televisión, ni leer la prensa, ni siquiera las redes sociales, pues todos ofrecen un panorama cada vez más apocalíptico para el país, repitiéndose incansablemente las mismas quejas, las mismas advertencias, los mismos temores, los mismos reclamos, la misma palabrería auto-rimbombante del jerarca que dirige la fincota junto con sus colaboradores cercanos. Se habla de préstamos millonarios solicitados aquí y allá, se evocan cifras que para la mayoría de mortales son quimeras ininteligibles al evaporarse en nuestros oídos en medio de promesas de nuevos hospitales, nuevas medidas de seguridad y aislamiento, nuevos materiales de protección, nuevas contrataciones de personal médico que después nunca se formalizan, mientras la gente se contagia y empieza a morirse como moscas en el pudridero de los hospitales, sin que haya medidas reales para construir un poco de esperanza, una pizca de sentido común, una priorización de la salud y de la vida.

La gran hipocresía que siempre ha caracterizado a nuestro sistema social y económico, consistente en la defensa de un capitalismo salvaje etiquetado con los más rimbombantes títulos que el cinismo y la idiotez han inventado, a saber, que somos un Estado de derecho, que somos una sociedad inspirada por los valores cristianos de amor y de respeto al prójimo, que aquí todos los ciudadanos tienen derecho a la vida y a la seguridad (la Constitución de la República así lo declara y ordena), que aquí el derecho a la salud, a la educación y al trabajo, así como a la expresión de opiniones diversas están garantizadas, todo ello salta en pedazos desde el momento en que uno se restriega inadvertidamente las narices con la realidad. Pero claro, para la foto siempre nos declaramos ser, como país, un bastión de la defensa de las libertades contra el “comunismo” y el “socialismo” que, según los cultísimos mayordomos de los sectores empresariales y militares, amenazan permanentemente con socavar los sólidos cimientos de nuestra democracia.

¿Quién tiene hoy confianza en las instituciones y poderes del Estado o del gobierno? ¿Quién tiene fe en los círculos empresariales? ¿Quién cree en las virtudes del ejército y de los órganos represivos? ¿Qué instituciones sociales representan verdaderamente a la pluralidad de los ciudadanos? ¿Qué fuerzas organizadas, qué partidos políticos de la sociedad civil son los que logran neutralizar, aunque sea mínimamente, la demagogia y la impostura que estamos obligados a aguantar desde hace ya más de sesenta años? ¿Qué broma es esta? ¿En qué guerra estamos y contra quién? Yo he comprendido y sé, que no es el puto virus nuestro verdadero enemigo. Y ojalá muchos otros también lo hayan intuido ya.