Martes 7 DE Julio DE 2020
La Columna

La experiencia interior

LADO B

Fecha de publicación: 30-06-20
Por: Luis Aceituno

Una de las lecturas más sugerentes y reconfortantes durante este encierro, ha sido Yo por dentro de Sam Shepard, publicado unos meses antes de la muerte de su autor en 2017. Un libro al que por fin llegué, motivado por El año del mono, la obra más reciente de Patti Smith. Ambas piezas parecen ser parte de un mismo rompecabezas: la reconstrucción del pasado a partir de los retazos que nos regresan a la memoria, desde la experiencia de un presente cada vez más extraño, más inquietante, más descompuesto, por decirlo de alguna manera. Shepard, el más importante dramaturgo estadounidense de los últimos 50 años, vive aislado en su rancho de Kentucky, en compañía de sus perros, sus caballos y de las presencias fantasmales de las personas que amó y que se fueron. Sueña mucho con su padre, que se le aparece como “un hombre diminuto”, al que debe reconocer detrás de la descomposición producida por la muerte y por el paso del tiempo. La enfermedad acecha y él sabe que lo alcanzará tarde o temprano, pero intenta escabullírsele. Lee a Bruno Schulz, uno de los pilares en los que se sostiene la literatura polaca del siglo XX, asesinado de forma vil por un oficial de la Gestapo durante la II Guerra Mundial, la misma guerra que peleó su padre. Lo atormenta también el suicidio de Heinrich Wilhelm von Kleist y de su musa y compañera Adolfine Vogel, uno de los acontecimientos trágicos que marcaron el romanticismo alemán.

Yo por dentro pareciera un testimonio de uno de esos viajes interiores que permite la soledad y el aislamiento. Por eso su lectura en tiempos de confinamiento se convierte en una experiencia intensa, profunda “¿Qué escriben o qué han escrito los autores durante esta cuarentena?”, es la pregunta rutinaria de todos los debates literarios que se realizan de forma virtual, como que si la literatura fuera un forma de reacción automática a las crisis. Como si los escritores estuvieran obligados a dar una respuesta al hundimiento moral propio de las catástrofes. En este sentido, tanto el libro de Shepard como el de Patti Smith son una lección de estilo, de cómo salvarse del derrumbe por medio de la escritura, de cómo mantenerse en vida. Es la experiencia zen llevada a fondo. La contemplación del mundo y la condición humana y la indagación por esos recovecos desconocidos que resultan ser uno mismo.

Sam Shepard y Patti Smith, aún si son originarios de territorios casi rurales, son el resultado de esa Nueva York de los años sesenta y setenta, cuando el ruido y la densidad propios de las grandes ciudades se convirtieron en experiencia estética. Es curioso entonces ese tránsito hacia la búsqueda interior llevado por ambos. Dos grandes cronistas de las realidades urbanas (del mundo exterior) que se desplazan hacia el silencio y la contemplación, sin que haya ninguna conversión religiosa de por medio. En El año del mono, Smith cuenta cómo asistió a Shepard, afectado por la ELA en sus últimos días, a revisar, transcribir, editar, corregir Yo por dentro. Son pasajes conmovedores. El testamento de uno de los grandes espíritus de nuestra época abandonando el mundo que todos conocimos y que se está terminado, a pesar nuestro.