Jueves 9 DE Julio DE 2020
La Columna

La fiesta del fin del mundo

Lado B

Fecha de publicación: 16-06-20
Por: Luis Aceituno

Según un audio que alguien mandó a mi cuenta de Whatsapp, a las fiestas organizadas por los propietarios de la Mueblería 03 asiste “media Guatemala”. Queda claro, entonces, que yo pertenezco a la otra mitad, a esa que no recibió invitación alguna para asistir a la pachanga por los cien días de confinamiento, celebrada el pasado viernes en ese local comercial en donde normalmente se venden mesas o sillones para la sala. Burlar medidas sanitarias y toques de Queda es una forma, supongo, de estar contra el sistema, de acentuar nuestra individualidad negándonos al uso de las mascarillas y a las precauciones de la distancia social. Nada de esto tiene sentido después del segundo trago. Las clases privilegiadas han sido por historia inmunes a la fatalidad del subdesarrollo. Son asépticas por naturaleza, viven alejadas de la suciedad propia de las repúblicas bananeras, en donde todo se pudre y se contagia. Por eso arman fiestas o salen a manifestar para dejar claro que el COVID-19 no existe para ellos. La enfermedad es patrimonio de los pobres, de los desnutridos, de los muertos de hambre, de los que hacen colapsar los hospitales públicos. Son estos los que, con pandemia o no, tienen que vivir encerrados. Son estos la verdadera calamidad, los que se apeñuscan en calles y mercados. Son estos la otra mitad, los que no merecen ser invitados a la fiesta.

La negación como término psicológico, nos dice Wikipedia “es un mecanismo de defensa que consiste en enfrentarse a los conflictos negando su existencia (…). El individuo se enfrenta a conflictos emocionales y amenazas negándose a reconocer algunos aspectos dolorosos de la realidad externa o de las experiencias subjetivas que son manifiestos para los demás. El término negación psicótica se emplea cuando hay una total afectación de la capacidad para captar la realidad”. Negar la realidad es propio de la idiosincrasia de los guatemaltecos, independientemente de su origen social. Negar la historia, negar los hechos, negar la guerra, el desastre, la enfermedad, el derrumbe. Estrada Cabrera negó por decreto la Gripe Española que fue devastadora en el país, dejando un saldo de 75 mil a 150 mil muertos.

Durante la Edad Media, se organizaban convites y orgías, mientras se quemaban miles de cadáveres en las afueras de las ciudades afectadas por la peste negra. Era una manera de retar a la muerte. Creerse inmune a la enfermedad, es una forma de pensamiento mágico o, mejor dicho, de pensamiento primitivo. De los videos de la fiesta realizada el pasado viernes, en plena pandemia, lo que más llamó mi atención fue la manera de ingerir alcohol directamente de la botella. No era falta de vasos, supongo. Había en ello una actitud retadora, ufana, pero a la vez desesperada. De emborracharse hasta la inconsciencia, para ya no pensar en nada, para anestesiarse y olvidar la catástrofe. Lo queramos o no, todos tenemos miedo. Pero, mientras unos bailan inconscientes y felices, negando la enfermedad, el contagio, la muerte; otros, los más, tratan de sobrevivir, de no morir asfixiados por la pobreza y la peste.