Sábado 8 DE Agosto DE 2020
La Columna

Panorámica del desorden

Follarismos.

Fecha de publicación: 30-05-20
Por: Raúl de la Horra

No es tanto que no haya orden, sino que estamos en un punto mundial de inflexión entre las coordenadas del orden y del caos, entre las fuerzas centrípetas que buscan la unidad y la coherencia del todo social para conservar la vida y adaptarse a los nuevos desafíos horizontales de la existencia, y las fuerzas centrífugas, que propugnan por la dispersión en retroceso hacia la expansión de la economía y la conservación jerárquica del orden antiguo, de las normas antiguas, de la verticalidad de las diferencias. Innovación frente a conservación son los parámetros del precario equilibrio que nos mantiene en la cuerda floja a lo largo de la cual caminamos haciendo maravillas y estupideces.

Hay una amalgama de hechos, percepciones e interpretaciones que vienen ahora a la mente y que significan los puntos de ruptura cada vez más violentos que hay a causa del coronavirus entre, de un lado, la razón y la inteligencia social a duras penas conquistada, y del otro, la irracionalidad de la individualidad a ultranza, que gira alrededor del ombligo y su cerebro reptiliano.

En Guatemala, los servicios sanitarios colapsan y la cosa va a peor. En el hospital donde labora el médico que mencioné en mi artículo de la semana pasada, un tercio del personal de la sección de infectología contrajo ya el virus y está de baja sin haber sido reemplazado, y los que quedan, le hacen huevos a la situación en una lucha que no es ya contra el coronavirus, sino contra el absurdo. El hospital improvisado del Parque de la Industria flota literalmente bajo goteras de agua, mientras el timonel de la Nación dice una cosa un día y lo contrario al día siguiente, y el gremio de la “gente bien” del CACIF organiza, con las personas lindas de los barrios “altos” de la ciudad, una manifestación de automóviles de lujo para imitar así a los gremios de la misma bandera ideológica que protestan igualmente en Estados Unidos y en España contra “la falta de libertades”, contra la invasión de extranjeros, y sobre todo, contra la penetración del “comunismo nacional e internacional”.

En España, donde hay ahora un frágil gobierno de izquierdas que después del desmantelamiento y privatización de los servicios públicos de salud del país sufridos a manos de la política conservadora del PP durante los últimos diez años, intenta tímidamente adoptar medidas en beneficio de los más desfavorecidos, surge de pronto como reacción, de las profundidades de la imbecilidad ibérica, desde los residuos de aquella ralea de gente que todavía afirma cara al sol y con la camisa abierta, que vinieron a América a quitarnos las plumas y el taparrabos, grupos de franquistas nostálgicos que en las redes sociales exhortan sin rubor al golpe de Estado, al asesinato de los “malditos rojos” y al retorno del antiguo orden católico, apostólico y romano, contrario al del Papa actual, argentino y, para colmo, “rojillo”.

Sabemos que al origen de todo este “vergueo”, como gustamos llamar en Guatemala al caos, se encuentra el Imperio estadounidense, que patalea herido por la pérdida de hegemonía económica e incluso militar en el mundo, bajo la batuta de un peligroso psicópata de extrema derecha con pelo de mazorca. Si este señor llegara a ganar de nuevo la presidencia este año, entonces es muy probable que perezcamos no ya por el coronavirus, sino por algún posible infierno nuclear que sellará el final de nuestra fugaz presencia sobre la Tierra.