Lunes 1 DE Junio DE 2020
La Columna

No te rías de Fred Vargas

Lado B.

Fecha de publicación: 19-05-20
Por: Luis Aceituno

Nunca hay que reírse de Fred Vargas, aún si sus teorías sobre la salvación del planeta puedan parecernos a veces un tanto exóticas. Como volver a orinar al aire libre, sobre los campos, para devolverle el fósforo a la tierra, que se ha extraído en cantidades demenciales. La francesa Fred Vargas, cuyo verdadero nombre es Frédérique Audoin-Rouzeau, es una de las más grandes escritoras de novelas policiacas de la actualidad, Premio Princesa de Asturias 2018, y además, en la tradición de nobles antecesoras suyas como Agatha Christie o Patricia Highsmith, simpatiquísima y un tanto excéntrica. Su alias lo tomó de Ava Gardner, quien interpretaba el rol de María Vargas en ‘La princesa descalza’ (1954) de Joseph L. Mankiewicz. Y si bien su propuesta literaria la ha acercado bastante a la cultura pop y mediática, rehúye del mundo de las celebridades y se mantiene firme en la sencillez de su estilo de vida.

El año pasado, antes de que se desatara la crisis mundial por el COVID 19, publicó un pequeño libro-manifiesto, ‘La humanidad en peligro’ (editado en castellano en febrero pasado por Siruela), en donde en definitiva nos advierte que el mundo no tiene salvación, si no lo recomenzamos de cero: “Limpiar el cielo, lavar el agua, fregar la tierra, dejar de usar el coche, detener la energía nuclear, recoger a los osos polares, apagar antes de salir, velar por que haya paz, contener la avidez, encontrar fresas al lado de casa, no salir por la noche a arrancarlas todas, sino dejar una parte para el vecino, volver a la navegación a vela, dejar el carbón donde está…”. Iniciar lo que ella llama la Tercera Revolución, “siempre y cuando haya paz, siempre y cuando contengamos el regreso de la barbarie”.

Lo anterior podría leerse como las divagaciones de una hippie trasnochada, de una eco histérica, de una profeta del desastre. Pero ninguna de esas definiciones podrían aplicársele a Fred Vargas o, más bien, a Frédérique Audoin-Rouzeau, que más allá de ser una de las escritoras más leídas de nuestros días, es una respetada investigadora del centro nacional de investigaciones científicas de Francia (CNRS). Ella misma se define como una arqueozoóloga e historiadora de formación, que escribe novelas policiacas los fines de semana para descansar la cabeza. Es, además, una de las grandes especialistas globales en la peste negra.

Lo curioso es que Vargas, que en 2013 había escrito un libro de divulgación científica con el atractivo título de ‘Los caminos de la peste, la rata, la pulga y el hombre’, sabía exactamente lo que iba a pasar y nos lo venía advirtiendo desde hacía mucho tiempo. En 2006, en una popular tertulia de la televisión francesa, explicó con pelos y señales que estábamos a la puerta de una infección viral causada por una gripe que devastaría el planeta, habló de un confinamiento mundial, del colapso de los sistemas de salud pública, de la falta de abastecimiento, de la escasez de mascarillas, de las medidas de higiene y distanciamiento, de seres asustados y aislados en sus casas. Es más, contó que estaba diseñando una capa de protección de los pies a la cabeza, cuyo uso podría impedir el contagio masivo. Su advertencia produjo la risa y el escarnio de los otros participantes, gente con cierto criterio, que la vieron como un ente paranoico y extraño, una mujer medio desquiciada y pintoresca, y además científica.