Domingo 5 DE Abril DE 2020
La Columna

Viajando alrededor de una habitación

Lado B

Fecha de publicación: 24-03-20
Por: Luis Aceituno

Estado actual: confinado y volcado en la lectura de Xavier de Maistre. Una recomendación de Enrique Vila Matas publicada en alguna parte, me ha hecho volver al ‘Viaje alrededor de mi habitación’, una pieza maestra injustamente olvidada que se ha convertido para mí en una tabla de salvación para enfrentar el encierro. La encontré contenida en una antiquísima edición de Garnier Hermanos de las obras completas de De Maistre, que compré por una nada en aquella maravillosa feria de librerías de viejo que se realizaba en La Antigua Guatemala.

La historia del ‘Viaje alrededor de mi habitación’ ha comenzado a volverse familiar en estos días de cuarentena: En 1790, Xavier de Maistre, aristócrata saboyano, exiliado en Turín, se vio envuelto en un lío de faldas que lo llevó a batirse en duelo con un marido ofendido. Salió ileso y triunfante, pero fue a parar a la cárcel, con una pena que luego le fue conmutada por un arresto domiciliario que duró 42 días. De Maistre era en realidad un aventurero y había recorrido medio mundo, viviendo situaciones de lo más extravagantes, por lo que el confinamiento en su cuarto podía llegar a ser insoportable. Descubrió, sin embargo, que también se podía viajar al interior de uno mismo y que una habitación podía convertirse en un territorio digno de exploración. Lo acompañaron en esta singular aventura su criado Joannetti, su perra Rosine y el retrato de una amante esquiva, posiblemente la causante del duelo.

“Valor, pues; partamos. Seguidme, todos vosotros a los que una mortificación del amor, una negligencia de la amistad, retienen en vuestro aposento, lejos de la pequeñez y la perfidia de los hombres. ¡Que todos los desgraciados, los enfermos y los hastiados del universo me sigan! ¡Que todos  los perezosos se levanten en masa!”, nos invita De Maistre al inicio del ‘Viaje alrededor de mi habitación’. Luego nos ofrece una descripción del territorio a explorar, que parece extraída de ‘La vida modo de empleo’ de Georges Perec o de ‘La vuelta al día en ochenta mundos’ de Julio Cortázar (plagio por anticipación, lo llaman los ‘oulipianos’):

“Mi  habitación está situada a cuarenta y cinco grados de latitud, según las medidas del padre Beccaria; su dirección es de levante a poniente, formando un largo cuadrado de treinta y seis pies de lado, que roza la muralla. Mi viaje contendrá sin  embargo más; pues la atravesaré a menudo a lo largo y ancho, o bien en diagonal, sin seguir ni regla ni método alguno. Incluso haré zigzags y recorreré todas las líneas posibles en geometría si la necesidad así lo exige…”.

El libro de Xavier de Maistre es fascinante, adelantado a su tiempo, digno (y ausente) de la ‘Antología del humor negro’ de André Breton, salvador (como dije) en estos días de encierro. Sin embargo, descubrí otro escrito del autor, aún más delirante y en cierto medida más libre y profundo, la ‘Exploración nocturna alrededor de mi habitación’, una especie de apéndice del ‘Viaje…’. Algunos años después, De Maistre regresa al cuarto en donde estuvo confinado para pasar una noche. Está solo, en el medio de un absoluto desorden, y la memoria y el insomnio lo atormentan. Es una extraña aventura en donde, desde la claraboya, descubre las estrellas, el universo, la belleza. “Una mirada desde la alcantarilla –decía Alejandra Pizarnik- también puede ser una visión del mundo”.