Domingo 5 DE Abril DE 2020
La Columna

La caja de pendientes

SOBREMESA

Fecha de publicación: 23-03-20
Por: María Elena Schlesinger

Nos está tocando vivir tiempos difíciles, volátiles e inciertos.

Corre mucha información y siempre sentimos que aún hay mucho que saber y comprender, o lo peor, creer que nos están ocultando algo. Y como que si tal cosa, de la noche a la mañana, nos encontramos encerrados en la casa,  mirando al cielo por la ventana, en medio de la peor crisis de la historia de este siglo: ser testigos y parte de la pandemia feroz del COVID-19, sintiéndonos personajes de una película de ciencia ficción o de una pintura medieval representando los horrores de la peste, como las del Bosco, en donde los carretones de paja  van apilados con víctimas sin vida, como ambulancias conducidas por hombres disfrazados de buzo.

Aceptamos conscientes, por el bien de todos, el  confinamiento y de repente sentimos que el tiempo corre despacio, que hasta nos sobra y nos alcanza para ordenar nuestros agujeros negros, el archivo de pendientes, documentos y papeles importantísimos guardados celosamente por varios meses dentro de una caja, por relevantes y fundamentales, esperando ese residuo de tiempo disponible para su acomodo. Acervo que a causa de su larga espera ha caducado, como me sucedió hace muy poco cuando comencé con la tarea de ordenar,  al encontrar la garantía del tostador de pan que ya cumplió su quinto aniversario de tenerlo en casa; el recibo que nunca llegó al contador, de fecha 16 de septiembre de 2016 o el recibo de la luz eléctrica que no encontramos cuando más se necesitaba, documentos que durante su paciente espera, perdieron validez y vigencia, y que en estos días de días de clausura disponiendo de ellos con toda libertad, haciéndolos una bolita para lanzarlos sin pena al basurero, quitándonos un peso de encima.

Confieso, la caja en donde guardo mis pendientes es grande y de cartón. Provino de alguna sesión familiar en donde  fabricamos las sorpresas para una fiesta infantil, donde venían empacadas gomitas de dulce.

Tomé aliento y me puse una mascarilla para no tragar el polvo acumulado, y apareció mi tarjeta de crédito extraviada hace meses y el folder de manila  corriente con la valuación formal de una casa, además de varios tesoros de mi colección de documentos, un calendario de Sánchez y de Guise publicado en los años 50 , en donde predecían que 1954 sería un año bendecido por las lluvias. Aparecieron varias fotos de las niñas, una bolsita con moneditas de cinco, de plata y mis tijeritas de costura, las que tienen un pico filoso de ave, y que daba por  desaparecidas. Además de varias recetas de cocina dos tesoros del repertorio del grupo que denomino “comidita del diario”, en donde incluyo recetas para el día a día, en donde abundaban las verduras y las hojas verdes; el ichintal y la yuca aderezados con recados y chirmoles de colores, todos muy sanos y convenientes para la salud.

Platillos de comida para el el día a día, que mis hijas han reemplazado por platillos de moda con nombre extranjero, que llegan a la mesa por delivery y por medio de una app, como el sushi, las barbacue ribs y hasta el pecan pie con vanilla ice cream.

Continuará.

mariaelenaschlesinger@gmail.com