Domingo 5 DE Abril DE 2020
La Columna

El virus pedagógico

Follarismos

Fecha de publicación: 21-03-20
Por: Raúl de la Horra

Por fin ha sucedido en nuestras monótonas vidas algo sorprendente que hace que nos caguemos todos -jóvenes, viejos, ricos, pobres, poderosos y no poderosos- de miedo, y que nos obliga a palpar, bajo nuestras narices, el amenazante aleteo de la muerte o, lo que es lo mismo, la precariedad de la vida, gracias al surgimiento de una partícula elementalmente simple pero inesperadamente poderosa, así como injustamente democrática y hostil, que nos ha puesto de rodillas para ver si por fin, los imbéciles seres humanos aprendemos algo que tiene relación con asuntos como la humildad y la sencillez, la sabiduría y la bondad, la sensibilidad, la solidaridad y la inteligencia.

No sé si esta minúscula partícula potencialmente pedagógica lo logrará. No sé si el sentido de la sensatez, así como la conciencia de estar todos interrelacionados y prendidos a esta nave que circula por el Universo pueda llegar a conmovernos suficientemente, en particular a los dirigentes y líderes de las naciones, como para repensar la trayectoria que llevamos como especie, sobre todo desde el supuesto triunfo de la dictadura del modelo de economía y de pensamiento único basado en la libertad casi absoluta de las empresas y corporaciones privadas para producir objetos y ofrecer servicios que tienen como principal finalidad el ser distribuidos y consumidos de manera irracional entre la población para extraer así ganancias astronómicas que permiten aumentar los capitales privados y vivir super-holgadamente en detrimento de las necesidades y problemas de los verdaderos creadores o productores de esas riquezas, que prácticamente no tienen o no tenemos otra posibilidad que la de aceptar semejante forma absurda de esclavitud, so pena de ser exterminados.

No sé, la verdad, si este virus, creado por la misma inteligencia de la Tierra o bien por los marcianos que nos vigilan desde la estratosfera para comprobar si de veras somos una especie inteligente y sensible, nos permitirá entender de una vez por todas que son en gran parte las imbecilidades y patrañas, las muladas, la violencia, los asesinatos y genocidios, las deforestaciones y tragedias ecológicas, las discriminaciones, racismos y estupideces religiosas que los Estados y los políticos han inventado en nombre del llamado “progreso”, lo que nos ha traído hasta aquí. Sobre todo, se nos ha hecho creer y adorar como religión el espejismo de que es el individuo, en primer lugar, y la individualidad disociada del espíritu de cooperación y de colectividad, lo que funda la esencia de lo humano, es decir, el dogma totémico ante el cual hay que arrodillarse. Pero hoy, el bendito coronavirus 19, es el diminuto platillo volador que ha venido a nuestros pulmones para quizá, por última vez, recordarnos que el destino de una sola persona está ligado siempre al destino de los demás, y que si no se salva mi vecino, no me salvo yo, y que así como no hay fronteras para los virus y otras amenazas mortales contra lo humano, no debería haber fronteras para una mayor comprensión, colaboración y solidaridad entre la especie humana y entre los pueblos. Esto es, ni más ni menos, señoras y señoras, fuera de toda ideología, lo que el pensamiento socialista, con sus torpezas y defectos, pero con toda generosidad, ha siempre intentado mostrar, y que ahora se vislumbra como la única e inevitable posibilidad de sobrevivencia para esta torpe e idiotizada humanidad.