Domingo 20 DE Septiembre DE 2020
La Columna

El Calvario

SOBREMESA

Fecha de publicación: 16-03-20
Por: María Elena Schlesinger

Alrededor del templo del Calvario o iglesia de Los Remedios giran infinidad de historias y anécdotas relacionadas con la historia de esta ciudad.

Recién pasada la Independencia, el capitán Rafael Carrera entró con sus fuerzas conservadoras a la capital para derrotar a Francisco Morazán, y el pequeño pretil que circulaba la parte más alta de la vieja iglesia, sirvió de trinchera a las fuerzas carreristas para parapetarse antes de la victoria final.

El templo también fue utilizado por los unionistas como punto de reunión, e inclusive el padre Gabriel Solares, párroco de esta iglesia, encabezó a los rebeldes en contra del tirano Estrada Cabrera, y con el estandarte del Sagrado Corazón de Jesús, llegó hasta el Castillo de San José a pedirle a las tropas leales al gobierno su rendición, cosa que no fue concedida, aunque le respetaron la vida, hace casi un siglo, pues Estrada Cabrera fue derrocado finalmente el 15 de abril 1920.

Cuentas las anécdotas unionistas que con los miles de cascabillos que había recogido el mencionado presbítero mandó a fundir varias campanas, las que más tarde fueron bendecidas por monseñor Durou y Sure, y colocadas en el nuevo templo.

Cuando llegó a la Presidencia de la República el general José María Orellana anunció que demolería el templo del Calvario para prolongar la Sexta Avenida. Fue tanto el revuelo de la noticia, que Orellana ofreció que antes de demolerlo se construiría otro a pocos metros del antiguo recinto colonial. 

  El 30 de agosto de 1926 se inició la construcción del actual templo del Calvario, imponente obra recubierta de piedra, de corte ecléctico.

Tuvieron que pasar más de seis años para que finalizara la construcción del nuevo Calvario, y fue el presidente Jorge Ubico, quien, dando prioridad a la obra, la inauguró oficialmente el 15 de octubre de 1932.  

El antiguo templo de Los Remedios, de construcción vasta y de paredes encaladas en blanco, permaneció muchos años funcionando como museo de arte religioso, hasta que, a fuerza de pico y piocha, fue derribado con fines urbanístico en pleno periodo revolucionario, durante la alcaldía de Mario Méndez Montenegro.

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