Domingo 5 DE Abril DE 2020
La Columna

Ficción en tres dimensiones

Fecha de publicación: 14-03-20
Por: Raúl de la Horra

¡Vaya, vaya, con el famoso Coronavirus que este año vino a complicarnos la vida a tirios y troyanos! Nunca imaginé vivir algo así, esta especie de ficción futurista convertida en realidad, igual que las pelis de la televisión. Solo que en esta ocasión la peli ha desbordado la pantalla y ha invadido los noticieros, periódicos y redes sociales para colonizar nuestras mentes y, con toda seguridad, también nuestros cuerpos asustados si algún virus verdadero logra entrar en nuestra vulnerabilidad crispada, porque si andamos frágiles por enfermedad o por desgaste de los años, es probable que muchos perezcan o perezcamos a manos del destino impío que en esta ocasión se anuncia más democrático que en otras ocasiones, ya que se ensaña sin distinciones de estatus o de clase social.

Por una parte, pienso que la cosa es seria, y esta seriedad se bifurca en dos direcciones: la primera es la deriva dramática que está tomando el desarrollo de la enfermedad misma y de las dificultades que hay para controlarla. La otra dirección es la deriva crítica, porque todo lo que está ocurriendo pone al desnudo las carencias profundas de la sociedad y de las instituciones en las que uno vive, así como la incompetencia de los políticos y, todavía más allá, la banalidad de una lógica social centrada prioritariamente no en la satisfacción de las necesidades de las personas, sino en la satisfacción de las necesidades de las grandes corporaciones financieras e industriales, obsesionadas por la producción de mercancías para la obtención de un máximo de beneficios en capital, lógica que, a la hora de proteger eficazmente lo único que en realidad debería importar, a saber, a los seres humanos, se muestra de una incompetencia espeluznante.

Por otra parte, esto del virus tiene un lado que no parece serio del todo, porque tantísimo bombardeo noticioso o mediático parecería más bien una coartada monumental o una cortina de humo frente a las otras pandemias y enfermedades que se ciernen sobre millones de personas cada día desde hace años y que jamás adquieren en los noticieros y en los discursos de los mandatarios, y tampoco en la conciencia pública, la importancia que ahora se le está dando a este pinche virus democrático que puede entrar tanto en covachas de cartón como en los palacios de la aristocracia.

Problemas como la pobreza en todos sus aspectos, el no acceso de los ciudadanos a los servicios básicos como educación, vivienda y salud, el aumento de la violencia en todas sus expresiones, sobre todo bajo la forma de la desnutrición crónica en la infancia y las consecuencias que de allí se derivan, así como la violencia del hambre y de las migraciones forzadas por guerras absurdas. ¿Cuándo cojones los gobiernos del mundo, sobre todo las principales potencias, se han preocupado de veras por estos sufrimientos perfectamente controlables que, en su conjunto, hacen que mueran miles de niños cada día? De manera que no nos vengan ahora con esta payasada y con golpes de pecho que solo muestran su impostura y su calidad espuria propia de sepulcros blanqueados, como reza la famosa frase bíblica: ¡gente deleznable!