Domingo 5 DE Abril DE 2020
La Columna

La violencia de la fragilidad

Follarismos.

Fecha de publicación: 07-03-20
Por: Raúl de la Horra

Mañana se celebra el día de la mujer como un acto de reconocimiento a sus luchas y padecimientos y un recordatorio –al menos así lo entiendo- de que en este barco en el que transitamos, si no se salvan ellas, tampoco nos salvaremos nosotros.

Quisiera en esta ocasión hacer algunas reflexiones dispersas que tienen que ver con la dialéctica que existe entre los seres humanos y que nos recuerda las paradojas y contradicciones que se dan en todos los ámbitos de la vida natural y social, reenviándonos a las nociones del “yin” y del “yang” que el taoísmo ha conceptualizado como metáfora explicativa de las fuerzas contrapuestas y complementarias del universo.

Así, constato que, en casi todos los ámbitos de la vida, las dinámicas que mueven al mundo y a las sociedades no son tan simples ni tan lineales como parecería a simple vista, y que allí donde existe una debilidad o una carencia en determinadas áreas, suele operarse una fortaleza y una compensación en otras. Lo podemos comprobar en las dificultades de las personas que hoy denominamos “de capacidades especiales”: el no vidente logra “ver” con el tacto y con el oído, y hay personas sin brazos que llegan a reemplazarlos con las piernas y los pies casi por completo.

Toda violencia en la naturaleza y en la sociedad suele esconder o es el síntoma de una debilidad: el pájaro y el león atacan o huyen si se sienten en peligro, y las personas que han padecido sufrimientos y fragilidades físicas, sociales y psicológicas arrastran por lo general resentimientos y agresiones variadas que inevitablemente expresarán en su entorno de manera activa o evitando el enfrentamiento con situaciones reales o imaginadas que significan peligro.

En particular, las desavenencias cada vez más visibles entre hombres y mujeres en las sociedades patriarcales adquieren tintes melodramáticos de incomunicación reflejados de manera caricatural en los mensajes de muchas de las canciones rancheras mexicanas, por ejemplo, donde la pasión y la entrega casi ingenuas se combinan con reproches y chantajes infantiles, tanto de hombres como de mujeres, donde el temor o la constatación de la traición y las promesas de venganza ponen en evidencia las terribles cojeras psicológicas y emocionales que arrastramos al ejercer los roles tradicionales de “virilidad” y de “feminidad” aprendidos en una sociedad desigual y machista.

No sé si todo hombre con visión crítica de las prácticas machistas debe declararse “feminista”, como algunos y algunas sugieren un tanto demagógicamente (lo que es tan absurdo como esperar que todos los que manifiestan preocupaciones sociales se pongan en la frente la etiqueta de “marxista”, por ejemplo), pero al menos reconozcamos que, tanto en un caso como en el otro, incursionar en el sentido y en los valores de cada una de esas dos orientaciones podría ayudarnos a ser más flexibles y, por lo tanto, en términos generales, menos idiotas.