Viernes 21 DE Febrero DE 2020
La Columna

LENGUA, POLÍTICA Y MARTILLAZOS

Fecha de publicación: 08-02-20
Por: Raúl de la Horra

Esta semana reproduje en mi columna de Facebook un artículo de la brillante lingüista y académica mexicana –así como feminista convencida–, Concepción Company. En su artículo, hace una clara exposición sobre la naturaleza del habla y de las lenguas, y critica con argumentos sólidos las creencias a la moda de que el lenguaje es un reflejo mecánico de las relaciones de poder en las sociedades patriarcales, recordándonos que en el mundo hay sociedades ultra-machistas en las que el lenguaje no tiene género ni refleja las diferencias de género, como puede constatarse en lenguas como el turco, el árabe, el persa y la mayoría de las lenguas amerindias, en las que la inequidad que hay entre hombres y mujeres no aparece reflejada en el habla. En fin, ella nos comparte una reflexión ilustrada y amena que, por lo menos, debería suscitar algún interés y comentarios contrastados entre el grupo de feministas que piensan diametralmente diferente, pero constato que el silencio y la indiferencia –cuando no la crispación-, contra este tipo de reflexiones suele ser la norma.
Comparto hasta cierto punto la reivindicación de un lenguaje inclusivo, pero ¿quién decide qué tipos y modalidades de inclusión deben tomarse en cuenta en el uso del idioma para satisfacer las supuestas necesidades de reconocimiento de cada persona perteneciente a uno u otro género, cuando hay ya clasificados más de cuarenta géneros existentes? Por el momento, considero que las discusiones exageradamente centradas en las funciones políticas del habla, en lugar de aclarar las cosas, las oscurecen aún más en la medida en que se intenta reducir la complejidad del lenguaje a sus supuestos orígenes y a sus presuntas implicaciones políticas, lo que significa un reduccionismo de caricatura.
En un mundo cada vez más políticamente correcto, ya ni siquiera se puede utilizar el humor o la disensión alrededor de ciertos temas sin que algunas personas piensen que se está ridiculizando a otras (por ejemplo, resulta problemático y políticamente incorrecto decir en tono coloquial que tal persona está sorda como una tapia o que está ciega