Sábado 19 DE Septiembre DE 2020
La Columna

La república de los trancazos

Lado B

Fecha de publicación: 28-01-20
Por: Luis Aceituno

Para el difunto alcalde y expresidente de la República Álvaro Arzú, Guatemala era un país en donde todo se arregla a morongazos. Palabras más, palabras menos, esta máxima se convirtió para él en una filosofía de vida que lo guió durante toda su trayectoria política. Esto si nos fiamos de su libro de memorias ‘El tiempo se me fue’ en donde hace varias referencias a su fama de peleador callejero y narra episodios bastante pintorescos al respecto. Era bueno para los pencazos y eso le permitía mandar, según su particular punto de vista. Supongo que, a pesar de la fanfarronería, era mejor con los puños que Neto Bran y al menos le hubiera dado un poco de batalla al llamado 3Kiebres, bastante más tayuyo que los dos alcaldes antes mencionados.

Desde que llegué a la escuela primaria, tuve el amargo presentimiento de que, en un país como el nuestro, el conocimiento y la inteligencia llevaban las de perder frente a la fuerza bruta. Digamos que ahí el respeto no se ganaba recitando de memoria a Rubén Darío, sino a trompada limpia. Tiempos de mierda, más que recios, y yo, a diferencia del alcalde Arzú, era bastante malo para los pencazos. Menos bruto y suicida, eso sí, que Neto Bran, ya que nunca se me ocurrió retar a nuestra versión particular de 3Kiebres, un cabroncito que se parecía a Charles Bronson, solo que en más enano. Aunque ahora que lo pienso, quizás el cuate andaba tan jodido como yo, pero tuvo la inteligencia de crearse una fama de perdonavidas. Argucias que te inventabas para sobrevivir en un mundo que, aún en la reposada Antigua Guatemala, tenía más de bárbaro que de civilizado.

Volviendo a las memorias del señor Arzú, hay momentos en el libro en donde te da la impresión que el futuro de este país se comenzó a forjar entre los matoncitos de la clase. Al fin de cuentas fueron ellos los que ganaron, los que llegaron al poder y perpetuaron esa Guatemala del “sho, pues, pisado” y del “¿qué me mirás, cerote?”, como expresiones arraigadas profundamente al folclore nacional. Aquí el diálogo siempre estará por debajo de las pistolas, las navajas y las trompadas. Aquí el poder y el don de mando se demuestran con actos de machismo deleznable.

Aunque, a decir verdad y visto los resultados, la tan anunciada pelea de box entre Neto Bran y 3Kiebres no llega ni a metáfora del desastre nacional. Simplemente un espectáculo lastimoso. Ni siquiera dos machos que se juntan para ver quién la tiene más grande, sino dos tipos que se exhiben como ganado para sumar likes a su cuenta de Facebook. Porque, al final, de eso se trataba la cosa, de “posicionarse” como dos auténticas celebridades del subdesarrollo, como plenos representantes de un país que, a falta de educación pública, todo lo resuelve a talegazos. Conquistar a base de fuerza bruta y ostentación todo aquello que les niega la naturaleza, comenzando por el entendimiento y el sentido del ridículo. Un pretexto nomás, para mostrarse en calzoncillos y dejar claro que no los compraron en la paca, que les fue bien en la vida, que aunque defequen en el monte llegarán a máximos representantes de una república que se desmorona embrutecida de tanto trancazo.