Martes 25 DE Febrero DE 2020
La Columna

Virginie Despentes y los kaibiles

Lado B.

Fecha de publicación: 10-12-19
Por: Luis Aceituno

En su novela Vernon Subutex, la escritora francesa Virginie Despentes utiliza el término “kaibil”, lo que evidentemente me sorprendió viniendo de alguien que no ha tenido una relación cercana con Guatemala y su historia reciente ¿De dónde sacó la palabra –me pregunté– y la incrustó en una historia tan arraigada a la ciudad de París y narrada con un argot demasiado local? La autora no hace referencia alguna al origen del término, ni lo contextualiza, simplemente lo utiliza de manera genérica, como sinónimo de esos ejércitos entrenados para exterminar poblaciones o grupos humanos que no encajan en la globalización económica del planeta. Es posible, me digo, que lo haya tomado de algún videojuego y que dentro de esa subcultura, tan dada a lo apocalíptico, sea un concepto de uso común. En los años ochenta, recuerdo, un reportaje de la prensa guatemalteca sobre estas fuerzas especiales causó en Francia horror y sensación, adquirió la consistencia, digamos, de lo que hoy llamaríamos viral. Sobre todo aquella foto en donde un soldado se comía una gallina cruda. La nota explicaba que esto era una especie de rito de iniciación. Era la época en que los punks asustaban a los buenos burgueses metiéndose a la boca culebras, ratones y bichos por el estilo. Virginie que fue punky y que por aquel entonces tendría 15 años, tal vez guardó la imagen en su memoria.

Otro que por aquel entonces tendría 15 años, es Jimmy Morales y es posible que también haya guardado la imagen del kaibil y la gallina en su memoria. Las armas para él han sido una vocación frustrada o eso es lo que nos ha dado a entender durante sus cuatro años de mandato como presidente de la República. Hace algunos días se cumplió uno de sus más profundos deseos, pertenecer a las fuerzas armadas con el grado de “kaibil honorario”. Siempre que me entero de este tipo de cosas, se me vienen a la cabeza imágenes un poco absurdas. Así que no pude evitar imaginármelo vestido como su personaje de la Tropa Loca –el sketch de su antiguo programa televisivo Moralejas–, comiéndose una gallina viva.

Con todo esto de “el violador eres tú” que suena por todos lados, el fin de semana pasado me dio por leer a Virginie Despentes, una gran escritora y también una férrea militante feminista, que con su novela, luego convertida en película, Baisse-moi (Cógeme o Fóllame en su traducción castiza) se adelantó a esta discusión al menos 25 años: la primera edición es de 1994. Lo que tenía a la mano era el tomo uno –son tres– de Vernon Subutex que era una de mis lecturas pendientes desde 2015. En verdad lamenté no haber tenido el tiempo de leerla antes. Una novela magnífica, una de las mejores de la década. Una radiografía casi desgarradora de la punk generation; una fotografía estremecedora de los estragos del nuevo capitalismo; una visión lúcida, cruel pero extremadamente humana de la “condición masculina”, del ocaso del macho. Una especie de pintura mural, realizada entre el humor, la rabia, el esperpento, la compasión, de lo que el siglo XXI ha hecho de nosotros. Si Balzac, Flaubert, Stendhal… nacieran en este nuevo milenio, serían mujeres, y que bien.