Jueves 5 DE Diciembre DE 2019
La Columna

La caída

Lado B.

Fecha de publicación: 19-11-19
Por: Luis Aceituno

Si yo fuera realizador cinematográfico me gustaría ser Denys Arcand, y hacer la película más bella sobre el derrumbe de este mundo que nos tocó habitar. La podría titular La caída del imperio americano, como Arcand tituló la suya para hablar de ese desastre que se respira por todos lados, de ese sentimiento de estar al borde del colapso sin salvación aparente ¿Cómo puede alguien hablar de cosas tan jodidas desde la inteligencia, el sentido del humor y la creencia en la bondad natural de los seres humanos sin caer en el ridículo y en la manipulación sensiblera? El mundo está repleto de imbéciles, psicóticos y antisociales y muchos de ellos tienen el poder, pero no todo está perdido, según este cineasta canadiense que desde hace algunos años venía anunciándonos la catástrofe con entrañables películas como El declive del imperio americano y La invasión de los bárbaros. Después del declive, viene la caída, inexorablemente.

“Hago películas intentando, a mi manera, cumplir con una consigna secular: actuar como espejo de la vida y el tiempo. Todos estamos sometidos al imperio americano, incluso en los rincones más remotos de nuestro planeta. Ese imperio se está muriendo y sus convulsiones nos afectan con toda su brutalidad. Los que han depositado sus esperanzas en una hipotética dimisión de Trump, olvidan que después de Calígula llegó Nerón y tres siglos de desintegración inevitables. En Canadá vivimos cómodamente bajo el paraguas de la pax americana, pero empezamos a contagiarnos de la decadencia moral del imperio. La omnipotencia del dinero es uno de los síntomas. ¿Encontraremos antibióticos lo suficientemente potentes para luchar contra esta gangrena?”, dice Arcand en una entrevista a propósito de su cinta. Para el cineasta, los antibióticos en realidad siempre han estado ahí, solo es cuestión de creer, a pesar de todo, en lo que uno defiende.

Sócrates vivía rodeado de imbéciles que al final lo condenaron a beber la cicuta. Y sin embargo, sin sus discusiones y sus provocaciones, sin sus enseñanzas sobre la filosofía política y sobre la ética, el mundo ya hubiera colapsado miles de años atrás. Un hombre inteligente pudo más. No hay que olvidarlo.

En su película, Denys Arcand nos invita a creer que la belleza puede oponerse a la fealdad, que la inteligencia puede contra la estupidez, que la solidaridad puede salvarnos, que la providencia existe, que el sentido del humor nos rescata del abismo, que la ética es un muro de contención contra la podredumbre de un mundo corrompido por el dinero. Suena ingenuo y hasta cursi, pero es la única solución a la vista. La violencia, el resentimiento, las armas, la guerra solo pueden acelerar la destrucción. La caída del imperio americano no es una película efectista ni apocalíptica. Es, como dije, una bella película que nos habla del desastre, sin ilusión, pero con esperanza. Una película que cree en la filosofía y en los seres humanos, que condena a un mundo que se ufana de producir exorbitantes cantidades de dinero, como nunca en la historia de la humanidad, mientras millones de personas vagan por las calles sin comida, sin abrigo, sin futuro. Como en aquellas fábulas morales que veíamos de niños, uno sale de este filme queriendo ser bueno e inteligente, no para salvar a la humanidad, sino para reconciliarse con el prójimo y resistir juntos los malos tiempos.