Jueves 5 DE Diciembre DE 2019
La Columna

Sobre democracias y dictaduras

Follarismos

Fecha de publicación: 16-11-19
Por: Raúl de la Horra

Siempre he pensado que el pensamiento racional es necesariamente crítico, puesto que observa y se cuestiona desde diferentes niveles las facetas de lo que llamamos “realidad” para construir mapas cada vez más complejos que constituyen representaciones aproximadas de fenómenos cuya comprensión será siempre parcial y relativa, pero que nos permiten desenvolvernos en el mundo con cierto grado de eficiencia, al tiempo en que vamos creando ese inmenso tejido mental y material que denominamos conocimiento y cultura.

En esta oportunidad, quiero problematizar de nuevo ciertas nociones que todos manoseamos con frecuencia y que pocas veces ponemos bajo la lupa para ver si las representaciones que tenemos de ellas son adecuadas o no, es decir, si reflejan la complejidad de lo real o si caricaturizan la amplitud de su significación. Y como la semana pasada hablé de “muros” y de “libertades”, subrayando que en ambos casos hay que buscar sus equivalencias concretas para saber de qué estamos hablando, el día de hoy, inspirado por la situación actual en Bolivia y por la manipulación obsesiva y deformada que se ha hecho de las palabras “democracia” y “dictadura”, quiero permitirme algunas digresiones sobre el tema.

En rigor, no tiene casi sentido hablar de “democracia” o de “dictadura” en singular y en abstracto, porque a través de la historia ha habido un sinfín de conceptos y modalidades de lo que podemos entender por esos términos. En la actualidad hay una corriente de pensamiento liberal y neoliberal autoritario principalmente en Estados Unidos, que va por el mundo dando palmaditas a aquellos regímenes políticos calificados de “democráticos”, pero que lanza rayos y centellas contra los que considera, de manera perentoria, como “dictaduras”, simplemente porque esos regímenes no se han plegado a los intereses y dictados de Washington y porque desarrollan su propio concepto de democracia. Y de pronto, surge un ejército de papagayos que reproducen y amplían semejantes anatemas mientras se desgarran las vestiduras y aplauden con alambicadas justificaciones cualquier intrusión insurgente y militar, arguyendo que se trata de levantamientos populares “legítimos” que, bajo ningún aspecto, podrían ser calificados de “golpes de Estado”.

Permítanme que aclare que para mí, el modo de funcionamiento político de un Estado, sea cual fuere su forma de gobierno, su ideario y sus reglas inscritas en la Constitución, si no propugna y no demuestra fehacientemente EN LA PRÁCTICA el respeto hacia los derechos humanos fundamentales singulares de TODOS (y digo bien: de todos) los ciudadanos, es decir, el derecho a la vida, a la seguridad, a la salud, a la educación, a la alimentación, al trabajo, a la vivienda, a la creatividad y a una vida digna, en función de sus posibilidades reales como país y como sociedad, ese régimen o esa democracia, como se dice en buen castellano, es una mierda.

¿Quién nos va a dar ahora lecciones de democracia? ¿Estados Unidos? ¿Un país con más de un millón de personas que duermen sin techo en las calles y con más de cuarenta millones de pobres en sus ciudades, con la tasa de mortalidad infantil más alta entre 20 países ricos (comparación de la OPEP)? ¿Un país donde los negros y los extranjeros son apaleados cada vez con más saña, un país que tiene regadas por el mundo ochocientas bases militares para intervenir como cowboys donde se les ronca la gana? ¿Con un presidente despótico y energúmeno electo minoritariamente y muy preocupado por la reelección del presidente de Bolivia, pero que mantiene magníficas relaciones con Estados autoritarios, autocráticos y despóticos como Israel, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Nepal, Guinea Ecuatorial, e incluso con el Estado de Vaticano y muchos otros más?

¡Y resulta que nuestro país, al igual que el régimen del vecino El Salvador, tienen la desvergüenza de bajarse los pantalones ante Estados Unidos a cambio de algunas promesas y centavitos para ponerse a cantar a coro, junto con la mayoría de miembros de la OEA, la sarta de aleluyas a favor de la supuesta democracia, mostrando así un nulo sentido de la ética y cero sentido de la dignidad! ¡Vaya por dios, somos las dictaduras del asco!