Sábado 21 DE Septiembre DE 2019
La Columna

Luis Cardoza y Aragón

Viaje al centro de los libros.

Fecha de publicación: 10-09-19
Por: Méndez Vides

El poeta Luis Cardoza y Aragón fue muy querido y admirado en México, país vecino donde residió la mayor parte de su vida, aunque nunca dejó de ser antigüeño, porque su ciudad natal permaneció grabada en su memoria como el reino de la infancia: “desde niño fui extravagante: nací guatemalteco, y como si no fuese excesivo, nací en Antigua”, la ciudad colonial de la casona con arriates y corredores, donde “llovía como nunca”, con el misterio a flor de piel de la muerte: “Antigua ha ejercido en mí fascinación morbosa, claustrofobia me ha causado y sentimientos de soledad abisal y llameante, como toda soledad”, porque según dejó escrito en su obra El río, novelas de caballería, en Antigua “todo era prohibido, salvo la propiedad privada”. Rememora así el tránsito por los linderos de la represión, el pecado y la culpa: “en La Antigua como todo es prohibido, hay más tentaciones que en París”, y los signos de lo sagrado se convierten en origen del erotismo y profanación. En la pequeña ciudad en ruinas, rodeada de volcanes y agitada por temblores “salto a París y todavía no me repongo”, porque fue como saltar a otra galaxia.

Falleció el 4 se septiembre de 1992, en una callecita de Coyoacán que seguramente le recordaba los días lejanos frente al campanario en ruinas de San Francisco el Grande, al rezo en latín, y que al morir dejó con sus pertenencias y pinturas a una fundación que se dedicaría a preservar su memoria y a patrocinar un concurso de ensayo, con el nombre de su esposa. La organización desapareció luego de casi 15 años de funcionar, y la casa pasó a ser parte del Colegio de México, para asegurar su permanencia.

Un par de años atrás, caminando frente a Bellas Artes, en México, me sorprendió el retrato de nuestro poeta y ensayista en sus pantallas, donde lo festejaban como una de las grandes figuras mexicanas del siglo XX, y sentí orgullo, porque su paso no pasa inadvertido en el patio vecino, y porque su memoria está viva. Y aquí, el Fondo de Cultura Económica le puso su nombre a su centro cultural. Nuestro poeta escapó de nuestro lado para nunca irse.