Sábado 21 DE Septiembre DE 2019
La Columna

A la memoria de Celso Lara

SOBREMESA

Fecha de publicación: 02-09-19
Por: María Elena Schlesinger

El nombre de Celso Lara quedará grabado como pionero y promotor del estudio e investigación de nuestras tradiciones populares y folklore.

 

Nació en 1948 en la ciudad de Guatemala, barrio de la Recolección, Callejón de la Cruz, en donde vivían muchos músicos, como su padre, maestro de capilla de la Catedral, de quien aprendió el arte y el amor por la música, otra de sus grandes pasiones.

 

Su abuela Rosario fue quien  le contó las primeras  historias de miedo,  espantos, duendes y aparecidos para que no molestara a su padre.  El pequeño Celso era extremadamente travieso y su abuela tuvo que ingeniárselas con sus historias para que el niño no interrumpiera al padre y  lo dejara trabajar.

 

Creció entre toques de campanas, quema de bombas de pólvora de las festividades religiosas de La Recolección y con música de fondo de  la liturgia  católica, en misas cantadas de gran parafernalia, entre nubes olorosas de incienso y cadencia de rezos en latín.  El pequeño Celso escuchaba a su padre, sentadito en una de las gradas del coro alto de Catedral, interpretando el órgano.

 

Obtuvo el grado de licenciado en Historia en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala y un postgrado en Historia, Folklore y Antropología en Universidad Central de Venezuela.  También estudió en el Conservatorio Nacional de Música de Guatemala y en la Escuela de Altos Estudios Musicales “José Ángel Lamas” de Venezuela, especializándose en órgano y clavicordio.

 

Destacó como investigador principal del Centro de Estudios Folclóricos, en donde fungió como director,  y docente en la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos, en Antropología de la Religión, Pensamiento Antropológico y Teoría del Folklore.

 

Fue investigador de campo y recorrió el país con su pequeña grabadora y libreta de apuntes, integrándose en la vida de las comunidades, escuchando y recopilando las tradiciones orales para su obra, donde destaca Por los Viejos Barrios de la Ciudad de Guatemala, que ha tenido múltiples ediciones y más de 100 mil ejemplares vendidos.

 

Nuestra extensa y maravillosa tradición oral está presente y viva en sus obras, gracias al trabajo científico y  literario de Celso Lara, quien en sus relatos dotó de carne, hueso, historia, color y vida a los entrañables personajes de la tradición oral  guatemalteca, que hoy día viven, bailan, pululan, transitan felices y contentos,  libres de ataduras y dueños, como demanda  la sagrada tradición, formando parte de nuestras raíces, imaginario colectivo e identidad.

 

No hace mucho, miré de lejos y por última vez al maestro Celso Lara, llevaba una boina vasca y una bufanda gruesa de lana alrededor del cuello, a pesar del calor del mediodía. La iglesia estaba vacía y él escogió sentarse atrás, en una de las últimas bancas de la iglesia.  Pausadamente, extrajo de su  bolsillo una novena amarillenta y un rosario de pepitas cafés. No quise interrumpir su rezo profundo, aunque presentí la despedida: “el Sombrerón está pronto a partir”.