Domingo 15 DE Diciembre DE 2019
La Columna

Inspiración divina

lucha libre

Fecha de publicación: 14-08-19
Por: Lucía Escobar

Respirar es el comando más importante de nuestro cuerpo. Algo tiene este sencillo y cotidiano proceso que cuando lo volvemos consciente es capaz de tranquilizarnos, de hacernos pensar adecuadamente y de traernos de nuevo a la tierra. Aunque los movimientos de inhalación y exhalación pueden modularse, respiramos en automático. Cuando dormimos, nuestro centro respiratorio, ubicado en el bulbo raquídeo del cerebro, se encarga de que no se nos olvide hacerlo. Estando relajados podemos respirar 14 veces en un minuto, mientras que si estamos activos y haciendo ejercicio podríamos hacer una respiración por segundo.

En la mitología de la creación humana, un soplo de un dios es capaz de llevar vida a lo inerte. En varios textos sagrados se menciona el aliento vital divino que nos creó. Los dioses nos soplaron dándonos la vida. Lo primero que hacemos al nacer es llevar aire a nuestros pulmones, activar la maquinaria perfecta dentro de nosotros. Cuando estuve embarazada me metí a un curso de parto en casa. Básicamente eran clases de cómo respirar bien. Según la maestra, el éxito de un buen parto se encontraba en la respiración; controlándola sería capaz de esquivar el dolor, enfocarme y visualizarme en el proceso. No sé si fue exactamente así, pero respirar como un búfalo inhibió a la loca que vive en mí y me ayudó a sacar del aire la fuerza natural para expulsar a un ser vivo de mi cuerpo.

Antes de escribir la primera palabra de esta columna, llené de aire mis pulmones, me sentí viva en el espacio/tiempo y le pedí a los dioses que compartieran conmigo algo de su inspiración divina y creadora. Al terminar de escribirla, seguramente respiraré satisfecha. Para una buena salud mental, se recomienda la meditación diaria, que empieza siempre con una buena respiración. Es vital respirar bien si hacemos deportes. Contamos hasta diez y respiramos para no gritarle o pegarle a alguien. Respirando esquivamos la náusea, los celos y la desesperación. Al hacer un gran esfuerzo, llenamos nuestros pulmones de aire y también cuando estamos frente a alguien o algo hermoso y quisiéramos quedarnos con un poquito de él.

El oxígeno que respiramos nos da vida pero también nos va pudriendo; es el veneno que nos mata poco a poco.

Al respirar nos enfocamos en el momento, en el aquí y ahora, nos conectamos a la esencia misma de la vida y dejamos de pensar en situaciones que se escapan de nuestras manos, como la desnutrición y la pobreza extrema. O cómo saber que entre más de 20 candidatos a la presidencia, los finalistas fueron precisamente los dos peores. Respiro para no pensar en que pasarán otros cuatro años desperdiciados para hacer de este un buen país para todos. Respiro mientras visualizó que los corruptos y ladrones pagarán sus delitos. Respiro para no pensar en las selvas convirtiéndose en sembradíos de palma africana, ni en las torres de alto voltaje sustituyendo la sombra y la vida de bosques milenarios. Respiro para no pensar en las consecuencias del abuso de los recursos naturales, ni el cambio climático.

Respiro aire limpio, hoy que puedo.

@liberalucha