Miércoles 21 DE Agosto DE 2019
La Columna

La Feria de Jocotenango

SOBREMESA

Fecha de publicación: 12-08-19
Por: María Elena Schlesinger

Con la llegada de agosto los parroquianos de este valle se preparaban con entusiasmo y estreno para la celebración de la Feria de Jocotenango en honor a su patrona la Virgen de la Asunción, según testimonio de las crónicas del siglo XIX.

Todos querían asistir a la feria, e iban caminando, a caballo o en tranvía, lo importante era llegar. Los más jóvenes, lo hacían tocando pitos de barro, y eran diez, veinte, cincuenta pitos en eclosión de sonidos anunciando, en tiempos de nuestros antepasados, el inicio de la festividad más antigua del Valle de la Virgen.

Llegaban comerciantes de los cuatro puntos cardinales. Los momostecos cargando a memeches sus tejidos de lana, gruesos ponchos con diseños de caballitos que las señoras compraban para arropar las camas en las noches frías de diciembre, y los cortes de jergas negras, utilizados para confeccionar trajes de caballero, los que según la tradición chapina, se utilizaban únicamente en dos oportunidades, casamientos o sepelios, por lo del color negro oscuro, según decía mi abuelo.

Por los serpenteantes caminos del altiplano llegaban los indígenas descalzos de Totonicapán, cargando en la espalda pesados cacash-tes de madera, edificaciones altísimas de varios pisos repletas de trastes y enseres de barro: batidores y batidorcitos para el chocolate caliente y espumoso de las refacciones chapinas, escudillas redondas como guacales para los humeantes atoles, y sin faltar las ollas panzonas en forma de güicoyes en donde hervían por horas y horas los frijoles parados con apazote.

De Chinautla llegaban los comales, soles de barro en donde se echaban las tortillas. De Mixco, los chicharrones, el café con leche y el chocolate de gasto, condimentado al gusto del cliente, con canela o vainilla.

Las mengalas de Amatitlán arribaban en tren, con canastos de mazapanes y dulces de colación y de fruta, con nombres tan peculiares como el de matagusano o chancaca, bocadillos tan vistosos como sus faldas, enaguas, chales de colores chillantes y moñas satinadas que adornaban las trenzas de las mestizas.

Cada año la ciudad de Guatemala se vestía de fiesta para la Feria de Agosto, de estrenos y negocios, en donde chancles o descalzos encontraban algo para sí, lo mejor de la patria, festividad con música de marimba de fondo, de vals y mazurcas de Germán Alcántara, por ejemplo.