Miércoles 21 DE Agosto DE 2019
La Columna

La Usac en la encrucijada

Lado b

Fecha de publicación: 06-08-19
Por: Luis Aceituno

El 25 de noviembre de 1944, un mes y días después del derrocamiento de Ponce Vaides (sucesor de Jorge Ubico), el diario El Imparcial encabezaba su edición con una noticia que no dejaba ninguna duda de que en el país estaba sucediendo una revolución: “Féminas tendrán acceso a educación superior”. Hoy el titular se nos aparece como venido de otro mundo, casi incomprensible en la época que nos ha tocado vivir, pero hace tan solo 75 años, las mujeres por capaces y talentosas que fueran, no iban a la universidad. Los hombres sí, pero no muchos. En unas estadísticas que me aparecen al azar, en 1907 Guatemala contaba con 70 estudiantes de Derecho, 150 de medicina y farmacia, cinco de dentistería y 15 de ingeniería, es decir 240 en total, los que hoy bien podrían caber en una sola aula de primer ingreso en cualquiera de las unidades académicas.

El hecho de que en la actualidad la universidad pública esté abierta para todas y todos, se lo debemos al Decreto Número 12 de la Junta Revolucionaria de Gobierno de 1944. De ahí se desprenden todos los cambios, la democratización de la educación superior, así como el rol central que la Usac ha tenido desde entonces en el estudio y la solución de los problemas nacionales. A nuestro pesar, no debemos olvidar que así como la San Carlos nos ha dado políticos e intelectuales de la altura de Manuel Colom Argueta, también nos ha ofrecido gobernantes como Jimmy Morales, pero eso ya es otra historia.

En el Decreto 12 se habla de la misión científica, cultural y social que debe tener la universidad y de la necesidad de la autonomía “para poner al Alma Mater a salvo de las agresiones dictatoriales que la habían convertido en una mera fábrica de profesionistas, donde la libre investigación era anulada y el pensamiento perdía toda eficacia”. El documento está firmado por los miembros de la Junta: Francisco J. Arana, J. Árbenz, Jorge Toriello y por el secretario de Estado en el Despacho de Educación Pública, Jorge Luis Arriola.

Me llama la atención particularmente la expresión “fábrica de profesionistas”, por lo casi posmoderno de la definición y porque encierra en sí misma muchas de las medidas a las que los estudiantes que han tomado las instalaciones universitarias en casi todo el país se oponen hoy en día. Esto ante el evidente abandono por parte de las autoridades académicas de esa misión científica, cultural y social que se encuentra en los fundamentos mismos de la Usac.

La pregunta del millón: ¿Debe la universidad pública formar profesionales que piensen y transformen la sociedad a la que se deben o simplemente limitarse a ser una “fábrica” de mano de obra tecnificada que sirva al desarrollo empresarial? La respuesta es compleja, como todo en Guatemala, pero sitúa a la Usac en su verdadera encrucijada y, en todo caso, la conduce a una transformación profunda de las condiciones en las que se sostiene en la actualidad: volver a los preceptos que ha fundamentado la educación pública desde la Revolución del 44 o abandonarlos de una vez por todas y para siempre.

laceituno@elperiodico.com.gt