Domingo 20 DE Octubre DE 2019
La Columna

De libros, viajes y mensajes

lucha libre

Fecha de publicación: 03-07-19
Por: Lucía Escobar

Cada año durante el mes de julio, libreros, editores, escritores se reúnen en la Filgua, la feria internacional del libro en Guatemala para mostrar a los lectores lo último de la producción editorial y las novedades mundiales. Este año se llevará a cabo del 11 al 21 de este mes en Fórum Majadas y tendrá como invitado de Honor a Chiapas, México. Además se realizará en homenaje al escritor Humberto Ak’abal (1952-2019).

A aquellos que aún gozan de la bondades del bono 14, los invitó a invertir parte de ese dinerito extra en la Filgua. Son pocos los objetos que podemos comprar que tienen tantos beneficios para el cuerpo y para el alma. Un libro es un objeto inigualable, un portal mágico capaz de transportarnos en segundos a mundos insospechados, es una máquina del tiempo y a la vez es un oráculo con el que podemos dialogar con muertos o con gente que nunca existió. Nuestro cerebro se fortalece cada vez que abrimos un libro, nuestra mente despierta ante el ejercicio de comprender lo que leemos.

Los libros son de esas pocas cosas en las que no me da cargo de conciencia gastar ni me pesa acumular. Son heredables, duran más que la vida de muchas personas. Y pueden volverse a leer tantas veces como una lo desee. Reconozco que tengo más libros de los que voy a poder leer en toda mi vida. Y aún así me aferró a ellos y pocas cosas me cuesta tanto soltar. Mis hijos se ríen de mis intentos de reducir libros, pues a veces hago una caja con los que pienso regalar, pero no pasa mucho tiempo sin que me acerque de nuevo a verlos, a tocarlos, a hojearlos y a pensar si estoy segura que quiero regalarlos, y finalmente a devolverlos al estante de donde los saque.

En mi familia los libros siempre han sido importantes. Hace poco mi hermana me mando una foto de un mensaje para mí que encontró de mi padre (quien murió el año pasado) en La Loca de la Casa, una novela de Rosa Montero. Estaba subrayado todo un párrafo y con la letra de mi papá decía: “Pa’ que lo lea Lucía”. Mi mamá también solía escribir en los márgenes de todos los libros que leyó. Apuntaba dónde lo había comprado o si había sido un regalo, cuándo y dónde lo había empezado a leer y terminado. Así como anotaciones, significados de palabras y comentarios que hoy agradezco y atesoro. Esos mensajes desde el pasado a través de las páginas de los libros, son regalos que disfruta con gusto mi alma incrédula.

Soy una lectora promiscua y ecléctica. Leo de todo, no discrimino. Me disfruto tanto una novela histórica, así como un romance cortavenas de los clásicos o un libro de autoayuda. Devoro libros de misterio pero me reto y saboreo despacio a Borges, a Joyce o a Cabrera Infante. Leo para probar otras vidas, para entender y también para evadir. Leer me empodera, me da seguridad, me da herramientas para pensar y excusas para sentir.

Si han vivido algo parecido, si conocen del gusto que se siente escoger un libro y comprarlo, tal vez les interese colaborar con el proyecto Más allá de mi Comunidad de la Biblioteca Bernardo Lemus Mendoza. Ellos buscan llevar a 70 niños y niñas lectoras de cinco comunidades rurales a un viaje a la Filgua. Nos piden apoyar donando. Dan más información en el 3008-7945.