Domingo 20 DE Octubre DE 2019
La Columna

“La corrupción de un presidente sin tacha”

Viaje al centro de los libros

Fecha de publicación: 02-07-19
Por: Méndez Vides

Las novelas de Francisco Pérez de Antón poseen la virtud de leerse con facilidad, lo cual es la tarea más difícil en el arte de narrar, porque es claro, y nos va llevando a los lectores de la mano, con generosa fluidez, como si estuviéramos presenciando una película. En la mente uno va dibujando la escena, y se pierde en el desarrollo nítidamente estructurado, como obra de ingeniería, en orden, organizada para capturar el interés con sorpresas sucesivas y un desarrollo lleno de imprevistos.

En su novela más reciente, La corrupción de un presidente sin tacha, se animó a realizar un ejercicio singular, porque ubica el tema en el momento real, en los días previos al cambio de gobierno que está por verificarse, pero cuando el ganador ya ha sido designado y está en el proceso de planificarse la sucesión.

La discusión y el devaneo ético que enfrentan los protagonistas, coincide con lo que leemos en los medios, lo que se conversa en la calle, sobre los alcances de la corrupción y sus posibilidades. En las columnas de opinión, se plantean como ideas que se defienden con ardor, pero en la ficción se lanzan las preguntas al aire, mientras los sucesos nos sorprenden y aturden.

La novela transcurre en la ciudad de Guatemala, en lo que se entiende como el tiempo más o menos actual, en un mundo globalizado, plasmado con las referencias de marcas de moda, intereses, planes de una solución económica al problema del desplazamiento del Pacífico al Atlántico en un tren novedoso que resolvería el problema del desplazamiento, ganaríamos en tiempo, abarataría la vida, significaría empleo, pero aceptando fuentes de dinero lavadas, producto de actividades no legales en el mundo.

Hay agentes internacionales, y una relación amorosa truncada entre un agente extranjero que es asesinado en un campo de golf y enterrado en el Cambray II, y la joven Luisa Fernanda Najarro, especialista en “big data”. El capítulo VIII es ejemplar, sustentado en el diálogo, que recuerda la habilidad de Stieg Larsson para interesar y construir caracteres. Un libro novedoso y sabroso para estos días de periodo electoral.