Jueves 18 DE Julio DE 2019
La Columna

El poder de la memoria

Viaje al centro de los libros

Fecha de publicación: 25-06-19
Por: Méndez Vides

La imaginación de los grandes escritores lleva el recuento de escena de su memoria a escenas inolvidables en la Literatura, que demuestran experiencias similares en por ejemplo el ámbito latinoamericano, como el escritor mexicano José Vasconcelos, en el apartado que tituló Melancolía en el Ulises Criollo, donde relata momentos de asombro a finales del siglo XIX en Campeche, donde “los vestigios de la antigua prosperidad hacían más punzante la devastación inevitable”. El libro fue escrito desde el exilio, y se lee como novela, con una descripción sencilla y conmovedora, donde plantea cómo era la vida en la provincia mexicana en sus años de infancia, tan común a la realidad nuestra, con las mismas taras heredadas de los hispanos: el temor al progreso, la vida entre incienso y rezos, el separatismo de indios y criollos blancos, las calles empedradas, corredores y rejas de hierro. El lenguaje es claro y emotivo, matizado apenas con eventuales descripciones modernistas, que en todo caso le dan gracia al texto y lo ubican en su época, la de los grandes sueños y hazañas, cuando los individuos emprendían la gran aventura social. En medio de un mundo sumido en la religiosidad, Vasconcelos clamaba: Si el cuerpo come y baila, ¡qué importa el afán de las almas!.

Y otra experiencia equivalente sucede con el peruano José María Arguedas en Los ríos profundos, que inicia con el capítulo El viejo, con minúscula, donde el Viejo (con mayúscula), hacendado poderoso a quien todos saludando en el Cuzco (con zeta), recibe al hermano trotamundos, que va de pueblo en pueblo acarreando al hijo que será escritor. El futuro escritor descubre la plaza que brilla como si fuera el centro del universo, y el templo. El capítulo es tan fuerte que ya no parece necesario leer el resto. El padre odia al hermano hacendado, pero lo visita y se marcha muy temprano, después de la oración, truncando la ilusión del menor, que no quería rezar sino cantar. “La tierra debía de convertirse en oro en ese instante”. La escena se le quedó grabada en la memoria y la tradujo más adelante en un texto que perdurará.