Martes 22 DE Octubre DE 2019
La Columna

Vida y obra

Viaje al centro de los libros.

Fecha de publicación: 11-06-19
Por: Méndez Vides

Las biografías de escritores latinoamericanos cuyas vidas han sido una aventura excitante se leen como novela, con el mismo interés, con su dosis de asombro y maravilla. De Pablo Neruda, “Yo, que siempre fui el más joven”, por ejemplo, se puede disfrutar la experiencia subjetiva de sus memorias Confieso que he vivido, y también la biografía objetiva y deslumbrante que escribió su amigo chileno Volodia Teitelboim, titulada simplemente Neruda. Volodia también es autor de las biografías de Huidobro y Gabriela Mistral.

Otra experiencia fascinante son las memorias de Gabriel García Márquez, Vivir para contarla, que se siente como estar leyendo Cien años de soledad o sus novelas previas El coronel no tiene quien le escriba, La hojarasca o La mala hora, pero cuya vida se aclara y encandila de la mano de su biógrafo oficial Gerald Martin, en esa monumental y voluminosa obra, que no tiene de sobra nada ni parece faltarle fragmento alguno de la vida del colombiano creador de Macondo, Una vida. Martín está empeñado en escribir también la biografía de Mario Vargas Llosa y ha dicho que para después quisiera emprender la escritura de la vida de Miguel Ángel Asturias. Lo cual sería una verdadera suerte.

De García Márquez hay mucho, porque Dasso Saldívar escribió El viaje a la semilla, y Plinio Apuleyo Aquellos tiempos con Gabo, y Eligio García Márquez escribió Tras las claves de Melquíades. Todos estos libros cuentan más o menos las mismas historias, pero cambia el punto de vista. Porque no es usual que surjan tantos libros sobre la vida de un autor de estas latitudes.

En otros idiomas y culturas es mucho más frecuente que se escriban memorias y biografías, pero no en Guatemala, y quizá no es necesario, porque después de todo lo que importa es la obra de creación. La vida de quienes escribieron no es sino una extravagancia para admiradores, y por acá lo que existe es el culto opuesto, se prefiere la actitud de no dar crédito y denostar, y si juntáramos las pocas publicaciones vertidas sobre nuestras celebridades, saldrían incómodos monumentos sobre la incredulidad.