Martes 22 DE Octubre DE 2019
La Columna

De las indefiniciones

Lado b

Fecha de publicación: 11-06-19
Por: Luis Aceituno

De 27 partidos políticos presentes en las próximas Elecciones Generales, al menos 13 tienen problemas para definirse ideológicamente. Esto según un sondeo publicado en días recientes por la agencia de información Ocote. Por ideología, supongo que se entiende en dónde se sitúan estas agrupaciones en el espectro que va de la derecha a la izquierda, un espacio que se define a partir de los idearios y de las políticas que se defienden. La indefinición puede leerse de muchas maneras que van desde el rechazo al encasillamiento hasta la ausencia absoluta de bases doctrinarias. También puede ser un problema de origen, de plataformas electorales que se forman sin ningún tipo de sustento, con el objetivo de alcanzar el poder para beneficio particular. En todo caso, la no-definición se ha convertido en una especie de tendencia desde donde se intenta seducir a un electorado carente de información o desencantado de los juegos del poder.

Es curioso también, que de los partidos que sí adoptan una definición ideológica, solo tres o cuatro utilicen claramente los términos de derecha o izquierda. La mayoría se apoya en aproximaciones como socialdemócratas, republicanos y hasta integracionistas, que, depende de quién las pronuncie, pueden al final significar cualquier cosa. La categoría cristiano o socialcristiano también es mencionada, de la misma manera que ecologista, progresista y humanista.

Si algo nos queda claro, es que si bien los guatemaltecos no nos movemos por la ideas, sí nos movemos por las marcas. Izquierda, derecha o sus sucedáneos no corresponden necesariamente a la ideología, sino al mercadeo. El votante visto como nicho de mercado y no como ciudadano pensante. Definirse como socialista o como liberal es una cuestión de etiquetas no de credos. Y en un sistema político fallido, en donde las definiciones se derrumban y la retórica se agota, todos rehúyen adoptar una posición concreta y la ambigüedad se convierte en salvavidas. Que un partido cuyos candidatos son de clara tendencia conservadora se defina como progresista es pura cuestión de interpretaciones.

No definirse es una estrategia para la sobrevivencia, en momentos en los que cualquier definición puede ser utilizada en contra. Hasta hace algunos años esto se solucionaba recurriendo al centrismo, de izquierda o derecha todos eran de centro, como que si las contradicciones sociales no existieran. Supuestamente esto colaboraba a mantener el equilibrio de la democracia. Cualquier inclinación de la balanza era calificada como radicalismo. Una bonita manera de querer estar bien con Dios y con el diablo, aunque también de enmascarar los verdaderos intereses que se defendían desde el poder.

Cómo caminar, como simple ciudadano, en este territorio en donde nadie se define, en donde las opciones políticas se desdibujan, en donde nadie se compromete. Cómo se puede alegar tener principios y valores si no se está dispuesto a defender un mínimo de convicciones. Cómo elegir si no se sabe qué piensan, qué buscan, qué abanderan los que buscan ser electos. Rostros y símbolos que no significan nada, vacíos de contenido. Un sinsentido que los ahoga a ellos y nos ahoga a todos.