Domingo 16 DE Junio DE 2019
La Columna

El interrogatorio decisivo

follarismos

Fecha de publicación: 08-06-19
Por: Raúl de la Horra

Estamos a una semana de las elecciones y la prensa escrita y no escrita del país, así como las redes sociales, se han vuelto un hervidero de propaganda y de comentarios, críticas y acusaciones entre candidatos y partidos políticos. Esto no es nuevo, el paisaje electoral ha sido desde siempre un disco rayado en el que se repiten sin cesar las mismas canciones estridentes cada cuatro años, solo que interpretadas por personajes distintos, en su mayoría salidos de la misma clase social, de la misma escuela de canto y gritando las mismas trivialidades y consignas con entonaciones similares, haciendo las mismas muecas y promesas, como si se tratara de un “reality show” de imbéciles destinado a imbéciles. Solamente que esta vez, hay una significativa diferencia: la aparición de un movimiento social que viene desde hace años organizándose con disciplina de hormiga desde el fondo de los barrancos y montañas para irrumpir en el panorama político del país, como sujeto colectivo, en la persona de Thelma Cabrera, que hace planteamientos necesarios, consensuados y legítimos, que causan horror y espanto a aquellos que siguen pensando que Guatemala es y debe seguir siendo una finca, y el Estado, una inmensa ubre proveedora de leche para todos los corruptos, con o sin el permiso de los gringos.

Resulta que hasta hace poco, yo no tenía claro si votar en la primera ronda por uno de los partidos “tradicionales” de izquierda, como el Winaq, por ejemplo, o darle mi voto al MLP, que es el partido político surgido recientemente del movimiento social denominado Codeca. Y aunque sigo teniendo simpatía por la izquierda en general –sin entender cómo es que no logran ponerse de acuerdo los partidos que la componen para formar un movimiento social amplio y un frente unido–, he decidido dar mi voto a doña Thelma Cabrera, quien aunque no tiene la experiencia académica deseada, a mi criterio tiene algo mucho más importante que es la experiencia de lucha, la inteligencia vital y la voluntad política, además de la autoridad y el respaldo moral (cosa que prácticamente casi ningún partido tiene), para sembrar en este país desértico y estrangulado, ideas y decisiones que permitan que todos sin excepción, incluyendo a los ricos y a los empresarios que pagan sus impuestos como debe ser, puedan cosechar, a corto y a largo plazo, los frutos del buen vivir, del progreso y de la concordia, en una sociedad variada y rica.

Y fue el interrogatorio al que fue sometida el martes la Señora Cabrera en el programa de televisión Sin filtro, lo que me hizo inclinar la balanza a su favor. Allí apareció en toda evidencia el grado de pobreza comunicativa, de analfabetismo ideológico y de torpeza, consciente o inconsciente, que el chapín promedio, generalmente “ladino”, “blanco” o “mestizo”, puede mostrar ante personas que son culturalmente diferentes a él. Y esto, tanto en el sentido “positivo” (admirar o darle crédito a cualquier “blanquito”, sobre todo si es extranjero), como en el “negativo” (asumir que en la escala cromática de los valores de la piel, contra más oscuro, “más pior”). Una vergüenza y un asco de entrevista con matices recriminatorios, a los que la interrogada (no solo mujer, sino, además, indígena, y para más fregar, ¡vestida de indígena!) respondió con santa paciencia y con un manejo del castellano sorprendente y aceptable, si se considera que no es su idioma materno. Ella insistía en el hecho de que en el universo maya, la palabra colectiva, cuando se forja en la discusión y se transforma en consenso y en acuerdo, tiene carácter de ley, mientras que los supuestos periodistas, sordos y cerriles, seguían prendidos a su locomotora que se desplazaba sobre rieles predeterminados por los prejuicios y la estulticia.