Jueves 20 DE Junio DE 2019
La Columna

Trecsa, por mi casa no pasa

lucha libre

Fecha de publicación: 05-06-19
Por: Lucía Escobar

Una de las empresas que más conflictividad social ha creado en Guatemala es Trecsa, la Transportadora de Energía de Centroamérica S.A del grupo Energía de Bogotá. Entre sus planes de expansión se encuentra construir el megaproyecto más grande de la región con 866 kilómetros de nuevas líneas de transmisión que dejará a Trecsa unos US$32.5 millones anuales (durante 15 años) por su elaboración. Al pueblo se le engaña diciendo que ese desarrollo es para todos pero es mentira. Guatemala genera un 60 por ciento de energía más de la que consume, el excedente se exporta a Centroamérica y México a través de SIEPAC. Los excedentes no son para llevar luz a las comunidades pobres ni para bajar el precio de la energía eléctrica sino que para engordar los bolsillos de los poderosos o para poner a trabajar maquinaria extractiva. Para apoyar este megaproyecto de expansión del transporte (PET-1-2009) el gobierno de Otto Pérez Molina realizó (ilegalmente) el Acuerdo Gubernativo No. 145- 2013 donde declaró “el proyecto de urgencia nacional y de necesidad pública” y ordenaba a los propietarios de tierras donde pasaría el tendido eléctrico obedecer y vender sus tierras. Pero en el año 2015 la Corte de Constitucional desechó el acuerdo declarándolo ilegal. Sin embargo, durante esos años, Trecsa ha aprovechado para engañar a casi 340 comunidades y para instalar ilegalmente muchas torres de alta tensión sin realizar los estudios de impacto ambiental, manipulando municipalidades, criminalizando defensores de derechos humanos, engañando y presionando a los comunitarios a vender sus tierras a bajos precios, actuando ilegalmente.

De esas líneas de transmisión 11.2 km de tendido y 22 torres de alta potencia pasarían por Antigua Guatemala, afectando principalmente a los cerros Cucurrucho y Nimachay, sitios sagrados, bosques nubosos húmedos, nido de cientos de nacimientos de agua que alimentan el río Pensativo y que son fundamentales para la captación del vital líquido. La radiación y creación de cada una de estas torres afecta por lo menos tres kilómetros a la redonda. Si de por sí, las torres ya traen cemento y muerte, pasando por ahí contaminan de raíz un líquido que además de sagrado, se está volviendo escaso y caro, motivo de conflictos y guerras ya. El caudal de agua de ambos cerros es clave para la recarga hídrica de toda la región.

Me uno al grupo de vecinos de San Bartolomé Milpas Alta y alrededores, encabezados por niños y adolescentes que hemos respirado aire puro, hemos tenido la dicha de bañarnos en riachuelos fríos y limpios, hemos trepado árboles, nos hemos sentido Tarzán de los monos (como en el cuento de Luis de Lión donde menciona el Cerro Cucurucho) y hemos decidido tomar acciones legales para impedir más abusos de parte de Trecsa. Exigimos a las municipalidades ponerse del lado del pueblo, de la vida, del agua, de país y no de la explotación, la empresa, las transas.

Es posible un nuevo modelo energético. Debemos abrazar los árboles, defenderlos. Debemos cambiar radicalmente la forma violenta que tenemos de relacionarnos entre nosotros y con lo que nos rodea. Para encontrar el equilibro entre la prosperidad y el desarrollo no es necesario dejar de defender la naturaleza o el agua. ¿A cuenta de qué vamos a sacrificar la biodiversidad, la flora y fauna, los bosques caminables, respirables, comunales para que llegue energía a empresas extractivas, ingenios, minerías? No, no lo vale.

@liberalucha