Martes 22 DE Octubre DE 2019
La Columna

El derecho al desahogo

Lado b

Fecha de publicación: 04-06-19
Por: Luis Aceituno

La mala noticia es que las tropas del Ejército de Estados Unidos ya se encuentran en Huehuetenango. Según explicó el ministro de la Defensa, Luis Miguel Ralda, llegaron hace como 15 años y se dedican a la ayuda humanitaria. Primero con un programa que dado el lamentable estado de las carreteras de la región no deja de sonar irónico: “Fuertes caminos” y ahora con otro de inquietante denominación lírica: “Más allá del horizonte”. Esto, en principio, no tendría nada que ver con la autorización que Jimmy Morales ha dado a Donald Trump, según publicó The New Yorker, para que el Ejército estadounidense ocupe la frontera entre Guatemala y México. Del lado de aquí, por supuesto.

En fin, ese tipo de decisiones que al único que pueden parecerle normales es al ministro de Gobernación Enrique Degenhart, pero que a un ciudadano más o menos enterado de la historia patria lo dejan estupefacto. Hace tan solo unos meses, Morales se otorgó a sí mismo el título de paladín de la soberanía, despotricó contra la ONU y juró que no permitiría ninguna injerencia extranjera en las decisiones nacionales. O algo así. Aún lo recuerdo con el rostro desencajado ordenando la expulsión de Iván Velázquez del país. La CICIG, según su discurso, ponía en riesgo la seguridad del Estado, y eso él no lo iba a permitir. Defendería con su vida el derecho a la autodeterminación. Ahora la soberanía le vale un bledo, o eso parece. Él ya va de salida y que se encienda de patrio ardimiento el que venga atrás.

Pero en el medio de este folclórico desmoronamiento, nos quedan aún cosas para celebrar. La buena noticia es que el juez Gustavo Adolfo Castillo Rodríguez resolvió que insultar al Presidente de la República no constituye delito penal. Uuufff. Podemos respirar aliviados y acto seguido lanzar esa cantidad innumerable de improperios que noticias como la de la autorización para que tropas extranjeras ocupen el territorio nos provocan. Si no podemos evitar la afrenta, como mínimo podemos maltratar a quien la provoca. El desahogo continúa siendo un derecho, hasta nuevo aviso, uno de los pocos que aún podemos gozar los guatemaltecos. Sin embargo, Jimmy Morales alega que este privilegio que la ley otorga a los ciudadanos le ha causado daños, a todas luces irreparables, en su honor. Es por eso que se fue a quejar al juzgado por las expresiones altisonantes que un individuo le lanzó en el pasillo de un hotel. Esto, según el mandatario, atenta contra su autoridad.

Bueno, hay personas cuyo sentido del honor es tan frágil, que una mala palabra lo puede hacer tambalear. Por otra parte, la autoridad se conquista, no se impone. El único que puede dignificar la institución que representa, es el propio Presidente, a base de buen gobierno, de respeto a la ciudadanía, de obediencia a la ley y a la Constitución, de un claro entendimiento del momento histórico en el que se desarrolla, de decisiones inteligentes y de beneficio para todos… El insulto, de acuerdo, es la expresión más primitiva de la inconformidad, aunque a veces, puede ser también una forma de resistencia frente al descalabro y la calamidad.