Miércoles 20 DE Noviembre DE 2019
La Columna

Desde Centroamérica Cuenta

Lado b

Fecha de publicación: 14-05-19
Por: Luis Aceituno

Centroamérica Cuenta es uno de los mayores festivales culturales que se celebra en la región. La iniciativa fue creada por el escritor Sergio Ramírez, premio Cervantes, en el año 2013 casi como una reunión “clandestina” de escritores del área, con el objetivo de colocar a la América Central en el mapa literario mundial. Durante cinco años el encuentro se celebró en la ciudad de Managua, pero en 2018 debido al clima de inestabilidad política por el que atraviesa Nicaragua, tuvo que ser suspendido a última hora. Ahora es la ciudad de San José, Costa Rica, que acoge el evento en el marco de su Feria Internacional del Libro.

¿Qué se puede decir de Centroamérica Cuenta que no se haya dicho durante estos años en los que el festival ha tenido vigencia? Lo principal, creo yo, es que la literatura de la región está viva, que se sigue escribiendo en contra de todo pronóstico, y que además, esta literatura está diciendo cosas que son importantes para comprender el momento histórico por el que atravesamos. Todo este caos, toda esta confusión, todo este desmoronamiento que se extiende por el Istmo, tiene sus cronistas. Hay mucha gente que desde lugares insospechados está tratando de comprender la realidad para transformarla en historias que pueden ayudar a que encontremos una salida a la desesperanza, o al menos, en historias que puedan dar noticias de lo que somos, de cómo vivimos desde nuestras particularidades el tiempo que nos tocó habitar este planeta.

Realidad y ficción es un tema habitual en cualquier encuentro literario. Sin embargo, en un evento que gira sobre la literatura centroamericana, esa frontera que divide el mundo real del mundo inventado se vuelve cada día más ambigua. Nuestra historia misma es una ficción fabricada desde la oscuridad del poder, desde los que se han adueñado de ese mundo aparentemente real y nos han condenado al desasosiego y la sospecha. El discurso político, por ejemplo, experto en crear realidades paralelas, a ratos demasiado cercanas a la ciencia ficción. En los tiempos que corren, a veces nos preguntamos si los verdaderos escritores no serán gente como Juan Carlos Monzón, que aun desde la torpeza de estilo son capaces de develarnos el delirio y la degradación que provocan el dinero y el poder. Qué podemos agregar los que intentamos explicar el mundo mediante la ficción a este tipo de relatos que superan nuestra capacidad de entendimiento.

Y sin embargo se mueve, porque la literatura es imaginación, y la imaginación es lo último que nos queda para enfrentarnos a una realidad que nos devora en su lógica corrupta. Y es en espacios como Centroamérica Cuenta en donde tomamos conciencia de la capacidad de invención que aún poseemos, del deseo que nos habita para transformar lo incomprensible en historias que nos expliquen quiénes somos, de dónde venimos, y si aún hay posibilidad de construir un futuro donde quepamos todos. El poder de la imaginación es más grande que el poder de las armas y el dinero. La literatura es fuego.