Sábado 21 DE Septiembre DE 2019
La Columna

Mundo individual o social

Viaje al centro de los libros

Fecha de publicación: 07-05-19
Por: Méndez Vides

La literatura no tiene reglas ni límites. La realidad se impone, pero matizada por la experiencia humana, hurgando en la intimidad propia del autor o buscando fuera de sí. Hay relatos que evidencian la perspectiva del mundo real según la experiencia privada del autor, muy de moda en la actualidad, en lo que por ejemplo los autores españoles se están puliendo, y que puede ser un desastre cuando la vivencia del escritor es común y los acontecimientos no escapan de lo particular, pero que logra grandes alcances cuando trasciende y toca esencias. El lirismo cautiva, porque el escritor expone sus vísceras y explora su condición particular, que cuando no logra trascender a cualquier oficio, se limita a interesar al pequeño gremio de los escritores, como escribir para escritores. No toda obra de arte se revela a todos, porque cualidad y cantidad son categorías separadas. En este campo sobresale la novela Ordesa de Manuel Vilas, o los experimentos de Vila-Matas, o la genialidad de Javier Marías, que puede escribir sobre el exterior desde adentro, y explorar el universo de los átomos como por el firmamento.

Otros autores transitan por el reino de la posibilidad de los otros, referida su presencia al trasunto. Allí el autor se anula, porque recrea lo que sucede en la fábrica del mundo real, sin protagonismo personal, aspirando a la épica, al relato de hechos que afectan a la sociedad. El riesgo es pretender influir en la sociedad con creencias u opiniones, cuando lo espléndido es expresar sin interferir, permitiendo la visión múltiple, no condicionada. Es el caso de autores españoles como Benito Pérez Galdós, o su discípulo Gonzalo Torrente Ballester, el de Los gozos y las sombras. Estos autores abundan menos. El boom latinoamericano navegó por dicha frontera, de allí el éxito, y en Guatemala lo practicaron Asturias y Monteforte Toledo, pero es tarea muy exigente, y por eso no abundan los casos, porque el reto de la literatura es trasmitir asombro, entendimiento y trascendencia.