Viernes 23 DE Agosto DE 2019
La Columna

Del oficio de lector

Lado b

Fecha de publicación: 07-05-19
Por: Luis Aceituno

Lo primero que me preguntó Luis Eduardo Rivera cuando lo conocí –hace casi 40 años– en su buhardilla parisina de la Rue Greneta, fue si había leído a Cesare Pavese. Le contesté que sí, que el autor italiano era uno de mis referentes y le mencioné El bello verano, El oficio de vivir, Vendrá la muerte y tendrá tus ojos… Y entonces, ya más relajados ambos, nos fuimos a tomar cerveza al bar de Mme. Janina sobre el bulevar Sebastopol. Estábamos en la misma sintonía y podíamos hablar de literatura sin temor al desencuentro. Lo que vino después fueron años de vagancia intelectual y literaria por las calles de la ciudad luz, a la búsqueda de librerías que guardaran tesoros extraños. Nuestra visita de altares, como la llamábamos, en donde de vez en cuando nos cruzábamos con algunos de nuestros mitos personales de la época, la actriz Fanny Ardant o la novelista Christiane Rochefort, o el encuentro que Luis tuvo en la librería de Adrienne Monnier con Emile Cioran, que lo invitó muy amablemente a tomar un café.

En fin, fue una época de asombros y revelaciones, que Luis fue documentando en unos cuadernillos chinos de pasta negra. Todo encuentro, todo descubrimiento, toda lectura, toda vivencia eran anotados cuidadosamente, a manera de diario personal. Un material que con el tiempo se ha convertido en varios libros de ensayos publicados en Guatemala, México o España, así como en trabajos de traducción de la obra de escritores con los que Rivera ha mantenido, en su riguroso oficio de lector, una relación intensa, entre ellos Remy de Gourmont y el sorprendente y desconocido en nuestra lengua Georges Hyvernaud.

Leer es un oficio, el más solitario y el menos reconocido de la literatura. Un oficio que Luis comenzó a practicar, digamos profesionalmente, en los años setenta, cuando para sobrevivir en su exilio mexicano escribía reseñas de novedades literarias para la radio de la UNAM. Ahí uno de sus jefes fue nada menos que Carlos Illescas, otro de los grandes y célebres lectores guatemaltecos, además de consagrado poeta, por supuesto. Pero años después, mandó la profesión al carajo y se dedicó a leer porque ese era uno de los pocos oficios dignos de ejercer en un mundo que se prostituía y se desmoronaba, un oficio de resistencia ante la imbecilidad y la destrucción de la sociedad letrada.

Entretiempos (Editorial Cultura, 2019) es el más reciente libro en donde Luis Eduardo Rivera, también narrador y poeta, nos comparte sus reflexiones sobre una serie de autores al margen de la actualidad y de las modas literarias. Algunos de ellos raros e infrecuentados por el lector común como Gombrowicz, Joubert, Rivarol; otros mucho más habituales como Auster, Salinger o Bolaño; además de dos o tres invitaciones para descubrir escritores con una sólida obra, pero de escasa distribución fuera de sus países de origen, como el mexicano Roberto Wong, el español Julián Rodríguez o el peruano José Rosas Ribeyro. Es un libro que nos regresa a la gran tradición del ensayo literario, sin ningún tipo de determinación académica, en la escuela del estadounidense Edmund Wilson o la francesa Marthe Robert, lectores iluminados que en sus escritos nos contagiaron la gran pasión por la literatura.

Entretiempos de Luis Eduardo Rivera se presenta el jueves 9 de mayo, a las 18:30 hrs., en la librería Sophos, con la participación de su autor.