Miércoles 24 DE Abril DE 2019
La Columna

Exorcismo

buscando a syd

— Maurice Echeverría

Exorcismo.– El sacerdote se alista la sotana. Comprueba si tiene los utensilios. El crucifijo. El agua. La Biblia. Con varia reverencia, se persigna. Entra al cuarto, desde el coraje y la fe. Sorpresa: dentro hay otros sacerdotes. Ellos le explican que el poseso es él. Que el exorcismo es pues el suyo.

El náufrago.– Esta tierra y esta no tierra, tierra de nadie, sin nadie, de brozas de veras salvajes, y riscos como oscuras grafías. En esta tierra mi trono, este que ocupo desde hace tres, siete u once años. Noche a noche contemplo a los coleópteros copular, con grácil incompetencia. Lo cual me pone a pensar que a mi lado no tengo reina alguna. Es bueno que aprendiera a masturbarme con las hojas –tibias, suaves– y eso también es una expresión de mi reinado. Mi reinado es esta enorme forma de no esperar ya nada, de no esperar un barco o un ovni. Mi reinado es esta tierna cosa que transcurre cada atardecer, y para lo cual ya no guardo ni siquiera un mero nombre. Árboles, arenas, el tórax del agua: esas cosas forman mi perfección y monarquía.

El camino.– El camino, a todo esto, no lleva a ningún lado. Es un sistema cerrado, un orbe sin salida. Se podría decir que es incluso involutivo: cada vez que das un paso, retrocedes. Cuando terminas de caminarlo, eres lo peor de ti mismo.

Iremos tras él.– Romperemos la puerta de su casa de una patada, despertaremos a sus hijas de tres y cinco años, le quebraremos una, dos, tres y cuatro costillas, lo pondremos en la parte de atrás del picop, mientras su mujer gritará, paraoficialmente. Luego lo llevaremos a un galpón muy apartado en donde nadie, y digo nadie, pueda escucharlo. Si tiene suerte, solo le quebraremos los dientes. Si no tiene suerte, su cadáver aparecerá en un montón de bolsas, a lo largo de la ciudad, a la hora tierna en que todos los niños despiertan.

Ustedes no pertenecen aquí.– No venimos a hacer alianzas. No venimos a pactar nada. Ah, ¿no quieren moverse? Entonces los vamos a mover nosotros. Entiendan: ustedes no pertenecen aquí. ¿Que no tienen a donde ir? No es nuestro problema. Además tampoco es cierto lo que dicen. Pueden ir a esas madrigueras que están al borde de la ciudad. Volver a esos lugares sin Dios. Ahí pueden hacer lo que quieran. Ahí pueden matarse a gusto. Ignorantes. Indigentes. Sucios.

Libres.– Quemaremos en la pira los viejos modos rancios, las saturaciones, los resentimientos, las represiones tantálicas, los yugos afectivos. Será un ritual audaz y rejuvenecedor, guiado por el principio de lo salvaje. Ya libres de toda categoría, reiremos y comeremos nuestras propias carnes.

El suicida.– Es la hora. Hora de terminar con este círculo de infinitos pájaros. No quiero más yelmos, más ojos, más cifras, más bestias, más jardines, más silencios, más alas, más sangres, más ábsides, más páginas pálidas. El abismo ya sabe mi nombre.

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