Martes 19 DE Marzo DE 2019
La Columna

De Maratón a Salamina

Viaje al centro de los libros.

— Méndez Vides
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Mi vida de lector oscila entre las grandes sorpresas literarias contemporáneas y la perfección de los clásicos. La condición humana no se altera con el tiempo, a pesar de los avances de la civilización y la técnica. Es necesario volver una y otra vez a la épica, a las grandes historias de la humanidad, para deleitarse con el relato legendario, histórico y poético de los griegos enfrentando al imperio de los persas, el poderoso mundo que creció bajo el reinado de Ciro y Cambises, se expandió con Darío, quien tropezó en la batalla de Maratón, y tras su muerte inesperada dejó el mando en las manos vanidosas de su hijo Jerjes, quien formó el ejército más grande de la historia antigua para vengarse del atrevimiento de atenienses y espartanos, y lloró de emoción al contemplar en el mar la flota de naves y multitud de guerreros apretados en la playa, rodeado por sus mil invencibles, y sentado en un trono de oro. Nadie podría contra ellos. Construyó un puente y un canal para la invasión. Los pueblos intermedios,  en su camino a Atenas, rendían “tierra y agua”, y se declaraban súbditos.

Los griegos pidieron ayuda a las naciones próximas, pero el odio y las conveniencias se interpusieron. Los sicilianos mandaron observadores de la batalla, dispuestos a rendirse después. Preferían la condición de esclavos de los bárbaros, que aliados de sus similares. Pero el vanidoso ejército persa sucumbió en la batalla naval de Salamina, poniendo fin a una era fascinante que dio lugar al siglo de oro de Pericles, a una sociedad de artistas geniales, filósofos, arquitectos, trágicos, políticos y militares, que produjeron la figura poderosa de Alejandro el Magno, el conquistador que emprendió la contraofensiva en el Mediterráneo, guerrero que no viajaba sin su copia de la Ilíada.

Si mareros y narcos leyeran a Heródoto, quizá sentirían que las guerras médicas son muy parecidas a las que ellos libran por asuntos de territorialidad y poder en los barrios donde habitan. Y entenderían que mientras estén separados y enfrentados, su destino será la servidumbre.

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