Lunes 25 DE Marzo DE 2019
La Columna

Época de confusión y paradojas

follarismos

— Raúl de la Horra
Más noticias que te pueden interesar

Hay una famosa frase del antiguo ministro de cultura de Francia, André Malraux, cuya traducción al español sería: “El siglo XXI será religioso o no habrá siglo XXI”. Desde un principio, no cesé de preguntarme qué es lo que querría decir. ¿Profecía o intuición acertada? Lo cierto es que a medida que entramos en el siglo XXI, y de manera acelerada, casi sin darnos cuenta, un tufo a incienso y a hoguera ha ido invadiendo las calles del mundo, y este es el día, hoy mismo, aquí en Latinoamérica, que estamos a punto de ser testigos de uno de los tantos episodios donde las irracionalidades y la carencia completa del sentido de la sensatez y de la ética se estrellan para encender probablemente una hoguera en la que el único ganador será el señor Trump, representante del consorcio armamentista y financiero que lo llevó al poder. Y el perdedor, claro está, aunque muchos digan lo contrario, será el pueblo venezolano y los pueblos del mundo, incluyendo aquellos sectores que hoy aplauden y desean una orgía de sangre y de venganza.

Si la segunda parte del siglo XX fue –simplificando, puesto que las cosas no son tan sencillas– un periodo en el que la racionalidad y la sensatez terminó imponiéndose tras guerras apocalípticas (primera y segunda guerra mundial, guerra en Corea, guerra en Indochina, guerras de descolonización, etcétera…), y en el que se intentó establecer acuerdos que garantizaran un mínimo de libertad y de paz entre los Estados, en la primera parte del siglo XXI, sin embargo, asistimos al escalofriante retorno de oscurantismos tanto religiosos como ideológicos y políticos, y –como parte de ello–, sufrimos el pataleo histórico e histriónico del Imperio norteamericano por su pérdida de hegemonía en el mundo ante el avance de China y de Rusia. En el caso de Venezuela, la situación, hoy mismo, se está poniendo al rojo vivo gracias a la intervención –una más, entre las cientos de intervenciones de esta naturaleza en la historia de América Latina– de Estados Unidos, con el pretexto “humanitario” de instaurar una supuesta democracia en ese país, y de garantizar el control de sus recursos naturales, tal y como siempre ha sido, es y –aseguran ellos–, será.

Lo triste de todo es que estamos ante un mundo de paradojas, en el que los fines a veces loables que se han trazado los gobiernos y los Estados, se pervierten por la utilización de medios que, progresivamente se tornan objetivos en sí mismos, de manera que los fines que tenían quizás intenciones positivas van produciendo consecuencias en muchos aspectos negativas, por la simple razón de que se termina adoptando la conocida y práctica doctrina de que “el fin justifica los medios”. Y pienso que es lo que ha ocurrido en Venezuela, donde el régimen –como todos los regímenes de América, incluyendo el de Estados Unidos– ha elevado la corrupción a método de gobierno, aunque haciendo también una significativa obra social, otorgando derechos y dignidad a millones de personas que jamás la habían tenido. En esta lucha confusa entre corruptos e inmorales, si hay un país –o más bien un Estado– que arrastra en su inconsciencia e inconsistencia, además de interesantes logros, la responsabilidad de millones de muertes y atrocidades cargadas de hipocresía y de inmoralidad como raras veces ha sucedido en la historia de la humanidad, ha sido Estados Unidos. Sin embargo, en esta época de delirios confusos y de cinismo galopante, un buen número de discípulos iluminados, sobre todo entre los menos ilustrados y más oportunistas y serviles, tanto venezolanos como no venezolanos, se pondrán de rodillas ante los mesías del Imperio y, como siempre han hecho, les lamerán las botas y gritarán hurras. Todo, por supuesto, para que Venezuela retorne al único orden social posible e imaginable: el que tan solo en los USA ha producido 41 millones de pobres (el 13 por ciento de la población).

Etiquetas: