Lunes 24 DE Junio DE 2019
La Columna

Vestido de infantes

Fecha de publicación: 18-02-19
Por: María Elena Schlesinger

Las primeras fotografías de pequeños varones nos revelan una particular costumbre en el ámbito doméstico urbano de antaño, la de vestir a los chiquitos con vestido de mujer, lo que se hacía de manera cotidiana y no únicamente para la foto.

Las primeras imágenes en sepia de nuestros antepasados, captadas con un lente fotográfico, muestran la primera infancia de nuestros bisabuelos o padres de éstos, a niños que parecen niñas, no solo por el vestido sino por el cabello que llevaban crecido, ondulado y bien peinado.

Por la impostura, la foto podría engañar fácilmente, pero se aclaraba gracias a la costumbre de antes de identificar al personaje de la foto, escribiendo en su reverso, con caligrafía de plumilla y tinta fresca, el nombre del pequeño, su edad y la fecha, o bien, por la historia oral que fluye como el tiempo en las familias.

En Guatemala, fue una práctica muy común vestir a los pequeños como niñas, costumbre seguramente heredada de la conquista y colonia española.

Ya en el siglo XIX y principios del XX, rebasa las modas culturales y de época, y adquiere un fin práctico a manera de talismán de buena suerte: el vestido servirá, según nos recuerda la historia cotidiana doméstica, para espantar y confundir a la “Señora Muerte”, quien con más frecuencia se llevaba a niños que a niñas.

Desde entonces, se sabía que las niñas sobrevivían más que los varones los años de la infancia, “se lograban más”, decían las viejitas, por lo cual las madres, abuelas, nanas y pléyade de mujeres del hogar, llenas de ingenio y amor, vestían a los “muy” y “más” deseados varoncitos con atuendo de mujer, para engañar a la Pelona, y que pasara de largo por la cuna en donde dormía el infante, sin llevarse al muchachito.

En Europa, esta costumbre inició a finales del siglo XVI y principios del XVII, y se prolongó por mucho tiempo. Pasó al Nuevo Mundo, en donde, como en el caso de Guatemala, cambió su intencionalidad, prolongándose hasta las primeras dos décadas del siglo XX.

En las cortes europeas, los bebés se vestían igual durante la primera infancia hasta que la criatura cumplía los cuatro o cinco años. Niños y niñas llevaban, por igual, faldas sobre varias enaguas, y la única diferencia consistía en algunos detalles de las mangas.

Actualmente, en Guatemala, percibe la costumbre cuando se trata de la imagen del Niño Jesús recién nacido, arreglado cada Navidad o día de Candelaria con vestido de fiesta, de tela de organza, encajes, listones o hechuras a mano de croché.