Sábado 16 DE Febrero DE 2019
La Columna

Aristófanes

Viaje al centro de los libros

— Méndez Vides
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En el siglo de oro de los griegos prosperó la tragedia, donde el autor más solemne fue Esquilo, el noble terrateniente que murió aplastado por una tortuga que le cayó encima en el campo, donde vivía huyendo de la profecía de morir aplastado por una casa. Su sucesor, quien superó al maestro en vida, fue Sófocles, autor de Edipo Rey. Y luego surgió Eurípides, hijo de mercader y verdulera, alumno y amigo de Sócrates, que humanizó a los personajes, evidenciando sus pasiones y defectos, por lo que trascendió y fue imitado y desarrollado por latinos, Renacimiento y hasta nuestros días.

Eurípides fue una figura polémica que murió devorado por perros, siendo admirado pero incomprendido, y muy atacado por Aristófanes, el comediante sarcástico e incisivo que se dedicó a escribir obras para burlarse del origen social y acusarlo de haber degradado el teatro clásico. En el año 412 antes de Cristo, seis años antes de la muerte de Eurípides, presentó Las Tesmóforas, una comedia esperpéntica, vulgar, llena de mala vibra, pero sorprendente, donde aparecen de protagonistas el mismo Eurípides y su suegro, a quien induce a rasurarse y vestirse de mujer para ingresar a las fiestas en honor a Ceres y Proserpina, donde solo se aceptaba mujeres, para llegar a defenderlo de los ataques que las mujeres llevarían a cabo, acusándolo de difamador del género femenino. En la obra se insulta a Eurípides, se lo ridiculiza, y el autor cómico utiliza líneas de las obras famosas de su enemigo para hacer reír al público.

Aristófanes fue un político conservador envenenado, que trascendió atacando a su colega, tal y como actuó con Sócrates en otra obra, acusándolo de demagogo y de inculcar insensateces a la juventud. Lo curioso es que hizo de su tarea creativa en defensa de la tragedia clásica, y en contra de la humanización de los personajes, la expresión perversa más humana.

En Literatura no hay reglas ni moral, el producto del siglo de Pericles dejó la base de la cultura occidental, y leer 2 mil 500 años después el producto literario del paso de lo trágico a lo dramático, y de lo sublime a lo perverso, es iluminador.

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