Sábado 16 DE Febrero DE 2019
La Columna

Agujeros cognitivos del subdesarrollo

follarismos

— Raúl de la Horra
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Una diferencia importante entre lo que yo llamaría las funciones del conocimiento y de la inteligencia frente a las de la ignorancia y la estupidez, es que estas últimas manifiestan una incapacidad supina para analizar y cuestionar la realidad desde un punto de vista global, histórico y concreto al mismo tiempo, lo que las conduce a confundir la parte con el todo o el todo con la parte, especialmente en la percepción de los fenómenos sociales. Es así como, a partir de uno o varios elementos de la realidad (que se nos aparecen como obvios perceptualmente porque son los que experimentamos en el plano personal, o son los que corresponden a narrativas particulares que nuestros padres y la escuela nos han transmitido y que nos tragamos sin cuestionarlas), hacemos entonces generalizaciones abusivas y reducciones absurdas, mecanismo que está a la base del subdesarrollo de la mente, subdesarrollo compuesto de prejuicios e ideologías, y de una conciencia sustentada finalmente en la incapacidad de dudar, de escudriñar y de comprender el mundo material, histórico, social o político, más allá de las apariencias.

Ya he comentado varias veces sobre esta carencia o este agujero cognitivo. Por ejemplo, si hago una crítica contra las desigualdades sociales o contra la corrupción o contra la violencia que impera en Guatemala, no quiere decir que no ame a mi país, o que ignore todo lo bueno y bello que hay en él, es decir, no confundo la parte con el todo. Sin embargo, personas mentalmente subdesarrolladas me han recriminado varias veces mis comentarios y me han dicho, con esa sensibilidad oligofrénica y patriotera típica de la gente poco culta, que por qué entonces no me largo de Guatemala, si no me gusta o si la odio tanto. ¿Cómo hacerle entender a esa gente que en la vida no es sano ser tan bruto y, de paso, injusto, que uno puede estar en desacuerdo con algo importante, y sin embargo, en el plano global, tener otra percepción y otro juicio? Que por ejemplo, yo puedo –también a la inversa–, descubrir que Estados Unidos tiene, sobre todo después de la segunda guerra mundial, una política imperialista hacia América Latina y hacia otros muchos países con recursos importantes, sin que ello quiera decir que condeno globalmente al país, a sus instituciones y a sus habitantes, puesto que hay aspectos positivos y valiosos en sus políticas internas (con matices, puesto que los hay también negativos). Es decir, la verdad no es solamente o blanco o negro, y la gente no se divide pendejamente en buenos o malos, como cierta ideología de inspiración evangélica nos lo ha metido en el cráneo hasta convertirnos en loros repetidores de esquemas.

Lo que pasa en Venezuela hoy en día, y las interpretaciones pasionales que todo ello ha suscitado, es una prueba del grado de subdesarrollo y mala fe que predomina sobre este tema, y también del grado de servidumbre e hipocresía de parte de aquellas personas y países que se han plegado a los designios del gran Imperio. Yo he dicho mil veces que no me gusta el régimen de Maduro, que hay aspectos de su funcionamiento con los cuales no estoy de acuerdo. Sin embargo, he repetido también mil veces que no me parece que el hipócrita Imperio, con sus sirvientes solícitos, adopten en Venezuela la doctrina del garrote, o sea, la intervención de los héroes magníficos contra los indios y cholos, en donde los buenos son por supuesto los blanquitos y los malos los morenos caras de mono, tesis sustentada también por la cohorte de capas medias de América Latina, cuyo imaginario mental ha sido colonizado por los valores y trampas ideológicas que defienden el modo de vida norteamericano. ¿Que Chávez sobre todo, pero también Maduro, han hecho cosas positivas y dignas para su país, especialmente para los pobres, y que eso explica el apoyo que ha tenido y tiene el régimen durante 20 años? ¿Que desde hace años los gringos y la oposición pro-gringa intentan estrangularlo económicamente? Eso no pinta nada para los vaqueros en lucha contra los apaches. Eso, simplemente, no existe para las masas sodomizadas por el gran pene imperial. Estamos ante el subdesarrollo al estado puro: pobreza mental, soberbia, cinismo y falta de vergüenza. Permitidme, señoras y señores, cuando decís que defendéis la democracia, que me ría y vaya a escupir sobre vuestras tumbas.

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