Sábado 16 DE Febrero DE 2019
La Columna

Lo digo porque ya no vivo en Guatemala

EL BOBO DE LA CAJA

— Andrés Zepeda lacajaboba@gmail.com
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Urge mano dura (otra vez). Quien te quiere, te aporrea. Es la voluntad de Yahweh. Está escrito en la Biblia. Desde el principio de los tiempos vienen repitiéndolo, además, nuestros abuelos y abuelas en su infinita sabiduría: a Dios rogando y con el mazo dando.

 

El miedo mueve montañas. Y el odio, que cómo se le parece, también. Y la necesidad, ni se diga; de modo que ganará las elecciones quien rife más motos, reparta más gorras y regale más delantales. Quien desate las más bajas pasiones, quien apele a los más hondos y oscuros temores y a su vez prometa salvar al pueblo de los peligros que lo acechan desde adentro (los zurdos, los chairos, los vividores del conflicto, los populistas que dividen a mi Guate, los gais, los que defienden el aborto y ofenden nuestra fe) y desde afuera (Nicaragua, Venezuela, Cuba, China, Rusia, G. Soros). Quien instaure la pena de muerte ipso facto y sin contemplaciones a mareros, extorsionistas y raterillos de poca monta… porque, ojo, a los de cuello blanco sí hay que respetarles su debido proceso.

 

Basta ya de medias tintas. Adiós pusilánimes, se acabó la tolerancia. No hay nada que discutir con los sediciosos, nada que dialogar con los inconformes, nada que explicarle a los resentidos, nada que mediar con los indignados, nada que negociar con los manifestantes: la verdad es una sola y vamos a imponerla a sangre y plomo de ser necesario. Por estar aflojándole las riendas a la bestia es que hoy estamos como estamos. Ah, malaya los tiempos de Ubico, cuando sí había orden y se podía caminar de noche por las calles sin riesgo de asalto.

 

De modo que, si tanto es el ímpetu de zanjar nuestros problemas y diferencias por las malas, no por las buenas; si no somos capaces de entendernos, de hallar un mínimo indispensable de gobernabilidad y de consenso; si no aprendemos las lecciones que nos ha dejado la historia, entones, ¿qué sentido tiene seguir alimentando este simulacro, esta democracia de fachada?

 

Hay ocasiones en que hasta el más pacifista desearía muy en el fondo, inconfesadamente, que la mentada coyuntura explote de una vez y para siempre; que el mundo y sus habitantes se vayan por un tubo a la mierda.

 

Sobre todo si ese pacifista del diente al labio amaneció con crisis de desconsuelo atizada por las noticias que, como siempre, enlutan su mañana, y al momento de emborronar estos párrafos emite un largo suspiro casi al borde del puchero y se lamenta hipócritamente por lo negro que vislumbra el horizonte; aunque en realidad escriba desde la cómoda intimidad del hogar, mimetizándose en su Mac de última generación mientras extravía la vista fijándose, embelesado, en cómo el sol del trópico cuela sus rayos por la ventana y trasluce el verdor de las palmeras y deja asomar también el celeste casi chillante del firmamento interrumpido apenas, aquí y allá, por ingrávidas nubes, bodoques de algodón; y el silencio se ve de pronto turbado por el repique de una bulliciosa parvada de loros que surcan los aires, desentendidos, libres, sin riesgo de caer en cautiverio ni amenaza de que talen su hábitat, porque para suerte suya han nacido, viven y morirán en un contexto de respeto por los principios más elementales que garantizan la coexistencia en la diversidad.

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